Swatch lo ha vuelto a hacer.

Para el que no lo sepa Swatch, no es sólo una marca de relojes de bajo precio y diseño divertido, es también el mayor grupo relojero dueño de marcas tan emblemáticas como Breguet, Blancpain, Glashütte Original, Omega, Longines, Hamilton, Mido, Tissot o Certina, por citar las más conocidas…

Si algo ha demostrado Swatch es que, de forma análoga a lo que ocurre con el grupo Inditex en el textil, se gana mucho más dinero vendiendo productos baratos a mucha gente antes que productos caros a poca gente…

Y en esto se basa la estrategia de los últimos lanzamientos de Omega x Swatch Moonwatch y el reciente Blancpain x Swatch Fifty Fathoms que estará disponible en tiendas este próximo 9 de Septiembre.

Dos fórmulas que no suelen fallar, lujo asequible y escasez controlada. Una ecuación que da como resultado altas dosis de deseo por parte de aficionados y facilidad de acceso por su precio -caro para lo que es, pero accesible casi para cualquiera-. Esto, sumado al insaciable deseo especulativo del ser humano crean el caldo de cultivo perfecto para un éxito retroalimentado.

El método es similar al usado en alta relojería por marcas como Rolex, Audemars Piguet o Patek Philippe. Controlando estratégicamente sus cifras de producción, subiendo cada año sus precios, y creando una burbuja entorno a su producto que crece imparable aumentando su valor psicológico en el mercado hasta límites completamente ridículos.

Ahora bien, desde mi punto de vista como aficionado relojero he de decir que todo esto ya cansa. Diría que es una forma de estrangular hasta la asfixia la ley de oferta y demanda desde una posición aventajada de la balanza del mercado, que tarde o temprano trae consecuencias. Sí, cualquiera podrá defender que estas empresas son libres de ofrecer el producto que quieran, con las condiciones que les plazca y si el mercado, libremente, las adquiere, entonces todos tan amigos, pero… esto no quita para que sea, a la larga, una fuente generadora de problemas.

Las marcas de lujo antes mencionadas ya están sufriendo las consecuencias. Un aumento considerable de robos con violencia a sus clientes es ya una realidad –Y es normal si un señor que compró un reloj por 20 mil euros hace unos años pasa a tener en su muñeca 100 mil euros fácilmente robables-.

Otro gran inconveniente al que se están enfrentando es el tener que vigilar constantemente las prácticas de empleados y profesionales del sector que se ven tentados por las suculentas comisiones y márgenes a los que pueden acceder con fáciles -y deshonestos- favores a determinados clientes –Adelantos en listas de espera, reventas pactadas y comisionadas, etc…-.

Siempre dicen eso de quien hizo la ley, hizo la trampa, y esto por desgracia es prácticamente inherente al ser humano, y es, desde mi punto de vista, una verdadera pena. Todo aprovechando nuestros más primitivos instintos, desde donde nacen la compra impulsiva, interesada e ilógica, esa que a su vez genera grandes beneficios.

Pero volvamos de nuevo a la hazaña de Swatch. Y es que lo han vuelto a hacer, sin pudor…

En su día sacaron 11 modelos inspirados en el icónico Speedmaster, de los cuales siete eran realmente feos, tres eran estéticamente interesantes y uno medianamente bonito -modelo Mercury-. Todo esto, por supuesto, desde mi más absoluta subjetividad.

Y efectivamente, señores, lo han vuelto a hacer, esta vez con el interesante y curioso storytelling –nótese la ironía– de los cinco océanos del planeta e inspirándose en el precioso y también emblemático Fifty Fathoms de Blancpain, supuesta creadora del primer reloj de buceo de la historia, han creado estos cinco relojes entre los que cuesta encontrar uno de ellos comprable más allá de la absurda razón de poder tener un asequible Blancpain de 390 euros en tu relojero.

Aunque eso de «asequible» será más bien una utopía pues, como ocurrió con los Moonwatch, el sistema de venta únicamente a través de ciertas tiendas y a cuenta gotas te hará ir una y otra vez a ellas, probablemente termines comprando cualquier otro modelo menos el que te apetecía o lo harás pagando lo que aún sigas considerando justo a cualquier oportuno especulador del mercado externo, sólo por tener algo que ni sabías que querías.

Así que sí, Swatch lo ha vuelto a hacer, y querrás comprar una nueva inspiración de un reloj icónico que quizás ni conocías hasta hace unos días. Y puede que me equivoque y no seas tú, pero otros muchos lo harán y… todos tan amigos.

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4 comentarios en “Swatch lo ha vuelto a hacer.”

  1. He de confesar que con la primera colección me sentí tentado, pero tras una muy breve reflexión, decidí que no merecía la pena la inversión (además de que ninguno de los modelos me convencía).
    La verdad es que no puedo estar más de acuerdo contigo en tu planteamiento. Además, suelo huir de los productos que te identifican como uno más. Prefiero los productos que te aporten estilo/clase y que te diferencien del resto. Un saludo y felicidades por el blog y los podcast. Ánimo y sigue creciendo.

    1. Hola Luis.

      Habrá gente para todo, y bajo esa premisa precisamente lanzan este tipo de campañas, que sumadas a lo aspiracional que ya es tener el logo de una prestigiosa marca grabado en la esfera de un reloj en un mundo tan marquista como el que vivimos, pues es la ecuación perfecta para conseguir el éxito de ventas.

      A mi, el método de venta que están usando en estos lanzamientos me cansa, me frustra y me causa rechazo. Que yo no pueda acceder a un reloj pero que un revendedor tenga 6 a la venta en wallapop al doble de precio es claramente un fallo de la empresa.

      En fin.

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