Sastrería Sánchez-Caro, la tercera generación. (Capítulo I)

Tan importante es un buen sastre como aquel que sabe rodearse de un buen equipo. 

Y eso bien lo sabe Daniel Schleissner, titular de la sastrería Sánchez Caro, que comparte protagonismo con su hermano Javier Schleissner como camisero en un establecimiento en la misma calle madrileña de Monte Esquinza.

En un principio ni Daniel ni Javier parecían tener previsto dedicarse a esta profesión a la que ya se dedicaba su abuelo, puesto que ambos previamente pasaron por la Universidad para estudiar Económicas y Física respectivamente. Nada hacía presagiar que ambos se convertirían en la tercera generación de esta casa artesanal. Pero, afortunadamente, sucedió.

Javier aprendió el arte de la camisería directamente de su abuelo Tomás Sánchez, mientras que Daniel se formó primero en la escuela de sastrería La Confianza, para posteriormente pasar por los talleres de grandes como Reventún o Puebla.

Había oído -y leído- muy bien sobre ellos, y con Daniel había coincidido en alguna cita del Club de El Aristócrata, pero realmente no podía tener una opinión formada pues nunca había si quiera visitado su sastrería. Próximamente conoceremos a Javier y su camisería, pero hoy nos centraremos en mi visita de la semana pasada a la sastrería situada en el número 36 de la citada calle Monte Esquinza.

 

En las distancias cortas Daniel Schleissner es un tipo de apariencia seria y comedida, pero a pocos minutos que pasas con él todo parece relajarse mucho más, y comienzas a encontrarte realmente a gusto. Es entonces cuando pasamos a descubrir a un profesional paciente y atento que a cada explicación que nos brinda demuestra su amplio bagaje en estas lides.
No tardas en darte cuenta de que todo en esta sastrería inicialmente podrá atraerte más o menos, pero indudablemente ese halo de artesanía y calidad se respira en cada uno de sus rincones.
Para vivir la verdadera experiencia decidimos crear una prenda especial y poco habitual como protagonista: Un chaleco.
Yo venía con una idea más o menos conformada del diseño, pero quise dejarme aconsejar por las interesantes propuestas y sugerencias de Daniel.
No tardó en usar mi libreta, y sobre las anotaciones y bosquejos que yo había preparado en el AVE camino de Madrid, comenzó a proponer soluciones sobre las que fuimos discutiendo hasta llegar a configurar aquello que pretendíamos: Una prenda diferente, atípica y sobre la cual se pudiese demostrar la capacidad de creación y calidad de ejecución de esta casa.
 El diseño lo teníamos más o menos aproximado, ahora faltaba seleccionar el tejido. Pero en este caso, ambos de acuerdo, pensamos en que sería interesante usar más de un tejido para la ejecución de este chaleco. Siempre con el ánimo de conseguir un toque diferente, sin caer en la ostentación o superficialidad.
Fue entonces cuando comenzamos a pelearnos con los catálogos de tejidos tanto de pañería, como forros y camiseros. Buscando la innovación sin caer en el error.
Como la idea era conseguir un chaleco polivalente de invierno, los Tweed del catálogo Melrose de Drapers parecían perfectos para los delanteros, y en concreto ese tono morado que podéis ver abajo resultó ser idóneo para lo que se buscaba.
Daniel propuso, con la intención de alejar la prenda del típico chaleco de ceremonia o traje, que usásemos un tejido que no fuese de forrería para la espalda. Y al final nos decantamos por el mismo Tweed mencionado anteriormente pero en una tonalidad azulada oscura, con ciertas trazas de varios tonos, entre ellos el mismo morado elegido para la parte delantera.
Revisando uno de los catálogos de forros, encontramos uno un tanto abstracto, que me encantó. Me pareció divertido y llamativo. Muy poco común en mis prendas, pero que por sus tonalidades me resultó interesante. Así que lo incluimos para realizar el forro interior de este chaleco.
Una vez elegidos todos los tejidos y detalles, ya sólo quedaba tomar medidas y nota de todo. Fue entonces cuando Leticia, que había estado por allí en todo momento hilvanando unos delanteros, asistió a Daniel en la toma de medidas y anotaciones.
En este caso aprovecharon para tomar medidas como si fuera para una chaqueta. Teniendo en cuenta detalles como mi hombro ligeramente más bajo que otro, el grosor de mis brazos o mis gustos a la hora de entallar la ropa, y cómo no, mi fisionomía.
Ideas para chaqueta nunca faltan en una sastrería con tal stock de tejidos y en la que siempre podemos ver algún que otro encargo interesante de clientes.
La verdad es que la experiencia de poder conocer más de cerca una nueva sastrería siempre es un placer, pero esto no ha hecho más que empezar. No tardaremos en preparar el siguiente capítulo sobre la primera prueba de este chaleco.
¡Seguimos con el Lunes!
 

 


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