El fracaso.

Es probable que te sientas en estos momentos confundido. ¿Seguimos en un blog de moda? Sí, tranquilo, no vamos a convertir esto en un canal sobre emprendimiento y autoayuda. Aunque a decir verdad, y si lees mis artículos desde hace tiempo siempre trato de buscar un punto de reflexión en lo que hago. Pues pienso que todo conocimiento debe venir irremediablemente desde una reflexión, razonamiento y conclusión. Nunca desde una doctrina, imitación o asunción indiscriminada.

En mi caso personal puede que a veces peque de pensar demasiado, de querer buscar explicación y razonamiento a todo. Y eso me lleva en ocasiones a niveles de frustración demasiado altos, y esto quiera o no, es una forma de fracaso.

El fracaso es la cara oscura de la moneda del éxito, y cuando la tiramos al aire estará visible al menos la mitad de las veces que gire esa moneda. ¿Lo has pensado alguna vez?

Cuánto se habla de cómo conseguir el éxito. Cuánta gente trata de enseñar a otros que el éxito es sencillo, que está ahí, que si no quieres alcanzarlo es porque no quieres. Nos dicen que el fracaso hay que superarlo, apartarlo, huirle.

Pensamos que la gente que ha tenido éxito lo ha logrado con facilidad, por azar, con rapidez. Y tendemos a pensar que hay de verdad un atajo, una salida de emergencia por donde poder colarnos, por donde sólo unos pocos avispados entran.

¿Qué tiene que ver esto con este Blog? Como ya hablé en este otro artículo, estamos en constante evolución -queramos o no-, y la evolución nace de enfrentarnos a cambios y en los cambios hay siempre probabilidad de éxito y fracaso. Generalmente el fracaso resuena más en nuestra cabeza y nos noquea de tal forma que nos impide avanzar. Es en la gestión del fracaso en donde está la clave hacia el éxito. Aprender de ello, analizar las reacciones y sus consecuencias es lo que nos da cierta ventaja. Y esto… ¡qué tiene que ver con vestir!

¿Cuántas veces te has mirado al espejo y no te ha gustado lo que has visto? ¿O ni siquiera lo has hecho y has salido a la calle sabiendo que no estabas cómodo? Has pasado una mala racha en la que el vestir era la menor de tus preocupaciones, o te has sentido totalmente perdido en tu armario, con ganas de tirarlo todo y empezar de cero.

¿Esto sólo te ha pasado con la ropa? Estoy seguro de que no.

En esos momentos de incertidumbre es cuando debemos pararnos a pensar, analizar y sacar cosas en claro. Cosas que quizás inmediatamente veamos complicadas de ejecutar, pero que si trazamos un plan quizás podamos asumirlas con más solvencia de lo que creemos.

La sociedad de la inmediatez nos ha hecho mucho daño, pues nos ha hecho creer que podíamos tener cualquier cosa al alcance de la mano y rápido. Pero en esos momentos de ofuscación es cuando más hay que mantener la calma, reflexionar y tomar decisiones con pies de plomo.

¿Quieres cambiar todo tu armario? Hazlo. Date un plazo de 6 meses o un año, y ve poco a poco. Paso a paso deshaciéndote de prendas que no usas y adquiriendo otras en base a tu nuevo estilo. Piensa en ello, investiga, razona. No busques a alguien que creas que te identifica y le copies. Inspírate pero no copies todo lo que hace alguien porque ese alguien no eres tú. No tiene tu mismo trabajo, probablemente no vive en la misma ciudad que tú, ni tiene los mismos amigos, entorno, día a día…

¿Quieres pasar a vestir sólo con colores básicos? Hazlo. Analiza lo que te sirve de tu armario, que probablemente es más de lo que piensas. Anota aquellas cosas que crees que te faltan o gustaría tener, y ponte un plan anual de compras.

¿Quieres vestir más elegante? Hazlo. Pregúntate porqué, si es porque de verdad te apetece o por una tendencia, si casa con tu estilo de vida, si te sentirás cómodo. Vete de tiendas, no compres nada pero pruébate todo tranquilamente. Visualízate, visualiza tu vida de esa forma. ¿Te gusta? adelante.

Nadie tiene la seguridad al 100% de que lo que haga va a funcionar. Por ello debemos contar con que al menos tenemos un 50% de probabilidades de fracasar en nuestro empeño. Y es sano y necesario tenerlo presente. Puede suceder. Cualquier cosa que nos propongamos tiene un factor de éxito y fracaso similar, y por mucho que queramos empeñarnos en lo contrario el azar es nuestro acompañante perenne en ello. Por eso, hazlo. Equivócate, prueba, testea y disfruta del proceso.

Esto de disfrutar del fracaso ya es un poco más complicado. Y es que al menos desde mi generación creo que hemos recibido una educación muy enfocada en cómo conseguir el éxito, pero nadie nos ha dicho cómo gestionar el fracaso. Nos han preparado siempre para conseguir nuestras metas y hemos vivido probablemente el período histórico con más alcance a la formación y preparación que jamás ha existido. Y sin embargo, cuando ese castillo de naipes que hemos construido con esmero y dedicación se tambalea o incluso se desmorona parcialmente no tenemos ni idea de cómo reconstruirlo.

Durante el camino a la cúspide todo el mundo nos ha ido guiando sobre cómo levantar los pisos, pero nadie a organizado un plan de emergencias, ni un protocolo de actuación en caso de derrumbe. Directamente no se contemplaba. En nuestra ruta hacia el éxito no contemplábamos vientos, lluvias y mucho menos un terremoto que pudiera hacer añicos nuestro edificio. Pero sucede, y hay que estar preparados.

Volviendo al vestir, podrás tener una época en la que el gimnasio te pille más lejos que tus ganas de moverte. Habrás podido engordar unos kilos y toda esa ropa que te encanta de tu armario no podrás ponértela. El estrés hará que tu cara no sea la misma de siempre. Los años transformarán tu físico. Tu nuevo trabajo te descolocará y no sabrás ni qué ponerte. Tu entorno de amigos cambiará, antes ibas a bares de copas y ahora al afterwork después de la oficina…

Pequeños seísmos de inestabilidad que deberán activar ese plan de emergencia que necesitas. Y sino, siempre puedes parar, resetear y diseñarlo. No hay prisa.

¿Tú qué opinas? Déjame tus comentarios un poco más abajo.

Gracias por leer hasta aquí.


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2 comentarios en “El fracaso.”

  1. Salvador López Aznar

    Me ha encantado la comparativa entre el vestir y las visicitudes de la vida. La conclusión es que tenemos que ser capaces de ser flexibles ante las situaciones que son encontremos.

    Un abrazo.

    Salva.

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