Madera y metal, Faber-Castell Ondoro.

Ya sabemos que los alemanes tienen fama de hacer las cosas bien, al menos en cuanto a fabricación se refiere, y el mundo de la escritura para ellos no es una excepción. Desde hace muchos años, cuando comencé a estudiar Arquitectura Técnica, he sido seguidor y usuario fiel de los productos de Faber-Castell. Y tras muchos años aún conservo portaminas y bolígrafos de esta firma, con muchos kilómetros de escritura y dibujo a sus espaldas.

Sus productos no sólo me han atraído por su constatable calidad, sino también porque gozan de un diseño sencillo, funcional y elegante.

Hacía bastantes años que no incorporaba un nuevo miembro en la familia, porque como os decía conservo bastantes piezas en muy buen estado, pero tras mi creciente interés acerca del mundo de la escritura, por culpa de Iguana Sell en los últimos meses, y en la búsqueda de una nueva pieza para mi colección, quedé completamente fascinado por el modelo que hoy os voy a enseñar. Una estilográfica de la serie Ondoro, fácilmente identificable por su diseño facetado en forma hexagonal y su cuerpo de madera de roble ahumada.

Me reconozco gran admirador de los diseños capaces de aunar líneas limpias, pulcras y elegantes, con materiales naturales. Siempre me han parecido diseños tan sencillos y a la vez complicados de crear que me han causado una tremenda fascinación al observarlos. El flechazo con esta Ondoro fue inmediato. De nada sirvió ver otros modelos, sopesar la compra o incluso desistir de ella, mi cabeza ya tenía asumido que esta estilográfica tenía que ser mía de cualquier forma. Su simpleza me cautivó sin escapatoria alguna posible.

Su presentación, a pesar de resultar muy sencilla y básica, a través de una caja de cartón deslizante, se aprecia muy cuidada y con cierto esmero. Si que es cierto que para una estilográfica de más de 120 euros, se podría espera quizás una presentación algo elaborada, pero estos de Faber-Castell se caracterizan por dar importancia a su producto más que a los adornos de su presentación, más funcionales que otra cosa. Pero es que una vez abierta la caja y descubierto a la protagonista, cualquier otro aspecto queda claramente en un segundo plano.

Su capuchón metálico de acabado pulido que continúa el diseño hexagonal con el cuerpo de madera forman un contraste de materiales fantástico. Su cierre es mediante presión, para evitar supongo alterar la continuidad de este diseño al tener que incluir una rosca. Y es que la zona de apoyo justo antes de llegar al plumín ofrece una perfecta transición entre las formas rectilíneas del cuerpo y la curvatura del elemento de escritura, con una nueva pieza metálica de acabado pulcro y acampanado. La misma que deberemos desenroscar para encontrar el sistema de carga, que en este caso incluye convertidor de gran capacidad de serie, con sistema de émbolo.

Un plumín de acero inoxidable corona la punta de esta estilográfica, ofreciéndonos un tacto de escritura muy dulce y suave, de lo mejor que he probado hasta el momento. Resulta tan meloso que si escribiésemos con los ojos cerrados probáblemente no creeríamos que lo estamos haciendo con una estilográfica.

En mi caso me decanté por un plumín M (Sólo cuentan en este modelo con M y F) y si bien en un principio con el uso me pareció en ocasiones demasiado grueso, con el tiempo me he acostumbrado y a decir verdad no me lo parece tanto.

La forma de su cuerpo y la textura de la madera ayuda al perfecto agarre de esta pluma sobre nuestras manos, sin necesidad de aportar ningún elemento o diseño más. Si bien, en un principio, puede parecernos la típica estilográfica de colección más para observar que para usar, en el mismo instante en el que la usamos nos damos cuenta de que nada más lejos de la realidad. Descubrimos con facilidad que se trata de un instrumento de escritura cómodo y práctico.

Las sensaciones de robustez y empaque que transmite son excepcionales. Aspectos que nos despejarán la duda de si, en este caso, vale lo que cuesta.

Como podemos ver en la imagen sobre estas líneas, la terminación de su base vuelve a ser metálica, quizás a modo de refuerzo, y mediante un pequeño encastrado en forma circular ligeramente convexo, que continúa a la perfección con el facetado del acabado del canto. Nos demuestra, una vez más, el nivel de ejecución de dicha pieza.

Pero, no os creáis todo lo que os dicen, y mucho menos a mí. Mejor comprobarlo por vosotros mismos visitando a Iguana Sell en Madrid y descubriendo este y otros modelos de la firma Faber-Castell (y muchas marcas más).

C/ Núñez de Balboa, 90

28006 – Madrid

¡Hasta el próximo artículo!


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