Lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Hay quien se empeña en acabar con cualquier arruga que aparezca en su traje, generalmente entallando allí donde sea y destrozando cualquier caída natural del mismo, provocando más problemas que soluciones.

Y es que venimos de unos años en los que el slim fit marcaba la tendencia, pero se ha llevado en ocasiones hasta límites insospechados.

Y es que las prendas tienen que respirar, moverse, acompañarnos y caer sobre nuestro cuerpo, con equilibrio, naturalidad y armonía. Un traje sienta bien cuando es como un guante y esto sucede cuando cuerpo y traje van al unísono. Pero esto se confunde a menudo con tratar de hacer del traje una segunda piel, ciñéndolo a ella como si de un material dúctil se tratase. Y recordemos que el paño de un traje clásico y tradicional es al fin y al cabo un material rígido. Es decir, con poca capacidad elástica, y cuando pretendemos pegarlo a nuestro cuerpo, que por muy atlético que sea los volúmenes que lo forman varían al movernos, comer, sentarnos, elevar los brazos o cualquier otra acción y por lo tanto de estar ceñido provocarán tiranteces, molestias e incluso movimientos completos de gran parte de nuestras prendas.

Por ello tengamos siempre en cuenta que hay que saber en qué parte y cuándo podemos ceñir una prenda a nuestro cuerpo y cuándo no, para conseguir transmitir ese confort y equilibrio que debemos.

[Esta información está extraída del Libro “Cómo llevar un traje”.]

Gracias por leer hasta aquí y recuerda que tus comentarios, aportes y sugerencias son siempre bienvenidos.


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