Creed, de padre a hijo desde 1760.

En ocasiones nos preguntamos cómo una firma puede hoy día llegar a ser reconocida hasta tal punto de tener miles de fieles admiradores por todo el mundo, y la respuesta en la mayoría de los casos está en su trayectoria varias décadas atrás. Hoy quiero descubriros algunos de los secretos de House of Creed, casa en la que su historia quizás pasa a veces desapercibida dejando todo el protagonismo a sus extraordinarios perfumes.

Hace unas semanas me pasé por uno de los corner de Creed en una conocida galería comercial de Madrid y tuve la oportunidad de poder llevarme, entre otras cosas, un ejemplar de la nueva revista editada por la propia casa para dar a conocer a sus clientes esa historia que existe detrás de su leyenda.

A través de este interesante documento descubrimos cómo en 1760 curiosamente se dió a conocer la marca por ser la sastrería londinense que entregó unos guantes perfumados al rey Jorge III. Sí, habéis leído bien, House of Creed comenzó su andadura en el mundo de los oficios como sastrería, derivada de un servicio de arreglos y remiendos para la clase alta británica cuando James Henry Creed, el fundador, se había trasladado desde Leicester a Londres en 1710.

La trayectoria de la casa ha estado ligada irremediablemente a la realeza desde que el propio Jorge III la nombrara proveedor oficial de la casa real británica.

Aunque en 1854, en la época de Napoleón III trasladaron su sede a París, cuna de la moda y savoir faire europeos, donde alcanzaron gran reputación por la calidad de su sastrería y la exclusividad de sus perfumes, en muchas ocasiones creados de manera personalizada. Y recordemos que no sería hasta al menos la década de 1900 cuando la industria perfumera comienza a establecerse como tal.

Durante siglos Creed ha creado más de 200 perfumes diferentes a través de 7 generaciones, algo que muy pocas empresas familiares pueden llegar a reconocer a día de hoy. En la actualidad Olivier Creed, descendiente directo de James Henry Creed, continúa junto a su hijo Erwin Creed con este legado.

En la actualidad con su sede en París y fábrica en Fontainebleau, fabrican sus esencias mediante técnicas tradicionales, procesos abandonados por la mayoría de perfumistas por su elevado coste. Un proceso que implica mayor trabajo pero Creed continúa aún creyendo en la artesanía y perfección como razones de distinción.

La primera fragancia oficial de la firma fue Royal English Leather, creada bajo el mecenazgo del rey Jorge III, y probablemente en honor a esa acción de rociar con perfume especialmente los productos de piel para enmascarar el olor de los curtidos del cuero antes de entregar a sus clientes por parte de algunos sastres de la época.

En una entrevista extraída de la revista Olivier Creed avisa: «Mi sueño es que la marca Creed desarrolle nuevas fragancias… pero también explore nuevos nichos de mercado, como hicimos en el pasado. Podrían ser textiles, trajes quizás…»

Y es que tras el coqueteo durante el siglo XX incluso con la moda femenina, Creed pasó a centrarse en el negocio de la perfumería prácticamente en exclusiva, donde ha centrado todos sus esfuerzos en las últimas décadas. Aunque quedan en el recuerdo cómo en 1935 se convirtió en la primera sastrería parisina en llevar una colección prêt-à-porter a Nueva York. O cómo fue Creed quien creó el culto a la etiqueta, al coser una en el forro de sus chaquetas especialmente para que pudieran ser vistas.

Lo que parece estar claro es que House of Creed ha escrito parte de la historia del estilo para muchos, y todo pinta a que su intención es seguir haciéndolo por mucho más tiempo. ¿Con qué nos sorprenderán esta vez?

Como dice Olivier Creed: «Para tener suerte, hay que trabar duro».


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