Beau Brummell. ¿El primer gran dandy?

George Bryan Brummell es considerado por muchos como el primer gran dandy de la historia. Heredero de una gran fortuna en 1799 con tan sólo 21 años, en una sociedad en la que las duchas diarias y el cambio de ropa no era habitual ni siquiera entre la alta sociedad, él gastaba cantidades ingentes de dinero en su atuendo e imagen.
Se dice que el rey Jorge IV, con notable sobrepeso y obsesionado también con la ropa y accesorios, conoció a Brummell en Green Park (Londres) y quedó alucionado con la planta y forma de vestir de este hasta tal punto que le hizo su amigo -sin pertenecer a la aristocracia del momento-.
Retraro de George Bryan Brummell.
La alta sociedad londinense lo miraba con recelo al ganarse el favor del rey casi sin pretenderlo, sin embargo, eran muchos los que trataban de imitar su forma de llevar la corbata -por aquel entonces un trozo de tela anudado varias pasadas al cuello- o los cuellos doblados hacia arriba.
Los rumores dicen que tardaba cada día 2 horas en arreglarse y podía pasar hasta 9 horas al día dedicadas a su imagen. Gastaba fortunas en caprichos como bañarse en leche -como Cleopatra- o limpiar sus botas con champagne.
Se le atribuye la creación del traje de tres piezas más parecido a lo que hoy día conocemos, al criticar abiertamente a Jorge IV sobre su desacuerdo en llevar la cola en la chaqueta de su traje.

Su estilo y personalidad rayaba la arrogancia y la chulería hasta tal punto de costarle la amistad con el rey. Situación que lo apartó de las ostentosas fiestas celebradas en el Royal Pavilion y de aquellos aristócratas que pugnaban por conseguir su amistad con el único objetivo de aprender a anudarse la corbata como él.
Su situación financiera, sin el favor del rey comenzó a flaquear, pues su ritmo de vida había ido en constante aumento, no así el grueso de su fortuna. Los acreedores se agolpaban frente a su puerta, lo que le obligó a exiliarse a Calais (Francia) donde comenzó su descenso personal, aprendiendo a sobrevivir con préstamos y la caridad de algún paisano inglés.
Ilustración del siglo XVIII – XIX
El mito se desvanecía hasta que en 1835 entró en prisión a causa de sus deudas, donde termino perdiendo la cabeza y finalmente en 1840 moriría en Bon Saveur, un asilo de caridad pública, sin dinero ni alardes.
¿Porqué os hablo de este señor?
Es evidente que este excéntrico señor en apariencia no podría -o debería- ser referente de ninguna persona cuerda. Sin embargo, era un hombre que tres siglos atrás ya se preocupaba del fit de sus prendas y del lustre de sus zapatos, así como de su higiene personal. Las texturas y cuidado de las líneas en su vestir era lo que más le importaba, casi por encima de cualquier otra cosa.
Como es lógico no hay que llegar a este extremo, pero si me parece interesante hablar de la vida de este caballero como llamada de atención a todos esos hombres que no prestan el más mínimo cuidado a su vestimenta, o aquellos que piensan que la imagen no es tan importante como algunos pensamos.
Al señor Brummell su apariencia impoluta y cuidada le valió como excelente carta de presentación para entrar en un estrato social que por aquel entonces era radicalmente clasista. Este es un buen ejemplo de que la imagen que proyectamos es a veces incluso más relevante que todo lo que hay detrás.  Como he dicho en alguna ocasión, «No sólo hay que ser bueno, sino también parecerlo».
¡Seguimos con el Jueves!



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