Heinrich Dinkelacker, interesante descubrimiento.

Cuando escuché el nombre de Heinrich Dinkelacker reconozco que no me llamó la atención, quizás porque tenemos tantas referencias británicas, americanas, italianas o japonesas en la cabeza en lo que a artesanía zapatera se refiere, que quizás obviamos que en otras regiones pueden ser capaces de hacer grandes zapatos.

La historia de esta marca germana es apasionante. En 1879 nace en Sindelfingen, población perteneciente al estado de Baden-Württemberg, al sur de Alemania, y no por casualidad sino porque por aquel entonces esta población era reconocida por la tradición zapatera y artesanal. Sin embargo, en la década de los 60 y buscando siempre la máxima calidad, trasladan su producción a Budapest, conocida cuna Europea de grandes zapateros, y también debido a la incipiente escasez de relevo artesanal en Alemania.

En 2004 la empresa, que hasta entonces había sido administrada familiarmente pasa a manos de un trío profesional compuesto por Dra. Wendelin Wiedeking (ex directora general de Porsche AG), Norbert Lehmann (ex gerente de IBM) y Anton Hunger (el ex jefe de relaciones públicas de Porsche AG). Y en 2016 decide entrar en juego Shoepassion GmbH, un portal online que desde 2010 comercializa zapatos de calidad tanto de hombre como mujer. Así que se une tradición y nuevas tecnologías para ofrecernos lo mejor de ambos mundos.

Cuando compruebas que una marca trata bien a su producto, lo cuida y envuelve con cuidado y cariño, suele ser porque lo que hay dentro merece la pena. Y en Heinrich Dinkelacker es así, nada más recibir el paquete y observar cómo esa caja negra, robusta, de acabado mate, se abre paso entre el embalaje te das cuenta de que estás ante un producto hecho con esmero.

Abres la caja y comienzas a descubrir detalles y pinceladas que siguen demostrándonos que se pueden hacer bien las cosas.

Zapatos protegidos por bolsas individuales de algodón, cordones de repuesto, breve díptico explicativo que nos habla de la construcción y artesanía tras nuestros nuevos zapatos, son algunos de los detalles curiosos que encontramos nada más abrir la caja. Pero por fin aparecen los zapatos, en este caso elegí unos Blucher Full Brogue en calf negro, ya que me apetecía algo para alternar con los oxford negros que tengo para traje. En concreto este modelo.

A veces no hace falta ser especialmente experto en la materia para darte cuenta cuando tienes entre las manos unos buenos zapatos. Tan sólo el olor de su piel, el nivel de acabado y su suela nos dan buena cuenta del grado de calidad ante el que estamos.

También se nota en su diseño y estilo que es un zapato procedente de Budapest, con un perfil bajo, hormas ligeramente alargadas pero realmente holgadas en empeine. Un zapato sencillo y eficaz que resulta cómodo desde la primera puesta y favorecedor en el pie. Su piel al tacto es suave y muy adaptable, de arruga limpia.

Con una estructura de construcción Goodyear pero empalmillado y cosido a mano, estamos ante un zapato que en la práctica nada tiene que ver con el de un proceso industrializado. Prueba de ello son los únicos 25 pares que hacen de cada modelo, que para una firma con 149 puntos de venta en 5 países es todo un reto y garantía de exclusividad real.

Su doce clavos en puntera y dieciocho en tacón nos dan una idea del cuidado esmero con el que se realizan estos zapatos, sobre una suela John Rendenbach -JR- que es garantía de calidad y durabilidad. Además cuentan con un servicio de reparación y resolado para sus zapatos, otro de los signos que nos dan tranquilidad a la hora de adquirir un calzado que sabemos que podremos mantener, cuidar y reparar con garantías en el tiempo.

En su puesta son francamente cómodos y sorprendentemente aunque los concebía inicialmente para traje, comprobé que tampoco quedan nada mal con vaqueros oscuros, como podéis ver en las fotos. El hecho de que son Blucher y no Oxford también ayuda y que además cuentan con brogueado que nos dice claramente que estamos ante un zapato algo más informal y polivalente.

Aunque en web parecía diferente, lo cierto es que en persona su piel goza de un brillo moderado y lustroso pero no excesivo que también favorece su versatilidad en atuendos más sport.

Una horma muy equilibrada en proporciones, ni demasiado afilada ni excesivamente redondeada, dan como resultado un zapato proporcionado, incluso para pie y estaturas comedidas como es mi caso. Y personalmente este es un punto muy importante para mí, que encuentro que han resuelto muy bien en Heinrich Dinkelacker.

Si os dais una vuelta por su página web descubriréis una marca muy peculiar en la que conviven diseños algo más extravagantes y modernos, con opciones más clásicas y tradicionales.

http://eu.heinrich-dinkelacker.com

Ya me diréis qué os parecen.

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