El daño del Carpe Diem

Llega una edad en la que eres consciente, aunque sea por un momento, de lo rápido que pasa el tiempo. Las generaciones de los 80 en adelante hemos pretendido vivir con tal intensidad nuestra vida que muchos, a penas superada la treintena, tienen la sensación de haberlo vivido prácticamente todo. Inmersos en esta Década Fast, nos hemos dejado llevar por el Fast-food, Fast-fashion, Fast-shippingFast-building… en un desesperado intento por consumir aceleradamente una vida que creemos agotar con fugacidad.

En 1989 la oscarizada película “El Club de los poetas muertos“, protagonizada por Robin Williams, tiene como uno de sus temas centrales explicar el significado y consecuencias de lo que podemos considerar como filosofía Carpe Diem. Quizás se trate de uno de los detonantes del resurgir de este pensamiento entre la sociedad actual, que poco a poco fue asimilando y haciendo de él su leitmotiv.

Una sociedad que goza de cada vez más comodidades y posibilidades, con una esperanza de vida media mayor, con cada vez más acceso a la cultura, a viajar y al conocimiento general. Pero que, sin embargo, tiene que combatir con grandes males que azotan y hacen tambalear este supuesto estado de bienestar generalizado. Males como el cáncer, que nos recuerda que no somos tan inmunes y perdurables como creemos. Las debacles económicas encadenadas que nos hacen consciente del precio de los excesos. O el proliferante individualismo que nos da de bruces con la importancia de la unidad social como herramienta para evitar la inestabilidad socio-política que vivimos en los últimos tiempos.

Disfrutamos de una vida que consideramos más completa por tener acceso a cosas a las que nuestros antecesores no sólo no tuvieron alcance, sino que ni si quiera pudieron llegar a imaginar. Sin embargo, vivimos atemorizados por todo eso que no podemos controlar ni comprar y que puede acabar con nuestra existencia o felicidad de un plumazo.

“Carpe diem, quam mininim crédula postero”

Aprovecha el día, no confíes en el mañana, es el significado de la frase completa atribuida al poeta romano Horacio. A estas alturas, y una vez más, os estaréis preguntando qué tiene esto que ver con cualquiera de los temas que tratamos en este Blog. ¡Muy sencillo! Nuestra vestimenta y estilo de vida no es más que el reflejo que proyectamos hacia los demás, y a través de ella mostramos nuestros objetivos, nuestros miedos, nuestra forma de ser y de relacionarnos con nuestro entorno. Por tanto, la Moda, como cualquier otro ámbito de nuestra vida, lógicamente se ve influenciada por nuestra forma de pensar y comportarnos. Y si llevamos el Memento Mori como filosofía autoimpuesta de vida, es lógico pensar que esto afectará directamente a todos y cada uno de los aspectos que forman parte de ella.

En un sistema alimentado por el consumo desmesurado no parece alocado pensar que esto pudiera no ser casual. ¿A quién beneficia que nuestro comportamiento sean impulsivo, circunstancial y alejado de toda organización? Solemos hablar de Moda únicamente en relación a la vestimenta, pero lo cierto es que el fenómeno Tendencia ha sido la revolución del siglo en cuanto a modelos de negocio se refiere. Y para ello el sistema no ha dudado en jugar con esa parte irracional que todos tenemos y que, en mayor o menor medida, es perfectamente influenciable.

Hace mucho tiempo que ya no basta con hacer las cosas bien en cuanto a productos y servicios. Es más, diría que incluso puede llegar a no ser imprescindible. Una empresa, a día de hoy, puede llegar a tener éxito con un producto o servicio imperfecto pero consiguiendo convencer a todo el mundo de lo contrario, quizás ensalzando aquellas otras virtudes que apelen a nuestra parte más emocional.

Se me antoja complicado que realmente exista un lobby capaz de orquestar esto, pero lo cierto es que parece comprobarse con demasiada frecuencia en negocios eso de “Más que ser bueno, es importante parecerlo”. Pero aún resulta más sorprendente descubrir cómo el consumidor cae una y otra vez en la misma trampa, con el nivel de información que maneja hoy día.

Vivir el momento significa no pararse a pensar en el impacto de nuestras acciones, vivir cada día como si fuera el último. Improvisar, no pensar demasiado en los problemas y dejarnos llevar por el presente, por lo que hoy nos apetece, seduce y genera sensaciones. Sin pensar nada más. Esto parece el ideal de vida perfecto, pero ello trae consigo una serie de consecuencias de las que deberíamos ser más conscientes.

Vivir únicamente en el hoy también significa no responsabilizarnos de nuestros actos mañana, no organizar nuestro consumo en base a un razonamiento sino en base a sensaciones circunstanciales, vivir sin un plan, y cuando creemos que somos libres y dueños de nuestro destino inmediato nos damos cuenta de que realmente al ser tan volubles somos mucho más vulnerables y manipulables.

No os habéis preguntado ¿Por qué hay tanta gente que cambia tanto de estilo hoy día? Esas mismas personas que este año son hipster, el año que viene serán gentlemans, y dentro de dos años serán raperos intelectuales con tipos de pantalones que no sabrán ni pronunciar… Y en un primer momento podríamos pensar que corresponde a personas con un bajo nivel de personalidad, que necesitan adquirir y cambiar constantemente en función de las modas para sentirse seguros consigo mismo. Pero lo cierto es que si nos fijamos en muchos de ellos descubriremos que no da la sensación de ser personas carentes de personalidad, todo lo contrario.

¿Y a qué es debido?

Recordemos que vivir el Carpe Diem en su máxima expresión es vivir día a día, hacer caso a nuestras emociones hoy, sin pensar en el mañana. Vestir como se nos antoje hoy, ser lo que nos apetezca ser, y mañana ya se verá… ¿No os recuerda al perfil de individuo descrito antes?

Y ahora, sigamos pensando un poco más: ¿Qué sucede cuando nos da por una moda concreta? Sí, que nos empeñamos en cambiar nuestro armario por completo para adaptarlo a nuestros nuevos gustos. ¿Y qué pasará el año que viene cuando volvamos a ser otro tipo de persona? Efectivamente, que pretenderemos cambiar de nuevo todo nuestro armario. Y así sucesivamente. Cuando hayan pasado dos años y hayamos cambiado dos veces nuestro armario al completo, nos vendrá a la mente un razonamiento de asociación simple: No me interesa gastar mucho dinero en ropa a partir de ahora. Y es normal, si cada año vas a tener que deshacerte de toda la ropa para tener que comprar nueva al completo, es lógico que queramos adaptar nuestra tendencia a nuestro presupuesto… De esta sencilla forma se introduce el modelo Low-cost en la industria textil. Y sumado al manejo fugaz de las tendencias, generan el caldo de cultivo perfecto para asegurar la compra constante de producto.

¡Ya tenemos el modelo de éxito descifrado!

Esto explica, como hemos podido ver, gran parte del modelo actual del lucrativo negocio textil, así como el porqué de la fauna de individuos de estilo variable que hay en el panorama actual.

Permitidme que yo siga pensando, y el tiempo me lo ha ido demostrando, que es mejor definir un estilo propio en base al estudio de las prendas que favorezcan nuestra fisionomía, y tratar de ser fiel a él, puliéndolo con el paso de los años, consiguiendo quee cada vez represente mejor nuestra personalidad, valores y forma de presentarnos al mundo.

Reflexionad bien sobre esto y dejad vuestros comentarios y conclusiones en los comentarios de abajo.

 

 

 

 

2 Comments

  • Ricardo dice:

    Muy atinado este articulo.
    A manera muy personal, mis experiencias me han enseñado que una calidad excelente, requiere tiempo, lo cual va en contra de la filosofía Carpe Diem, a pesar que, y por la historia de la humanidad tenemos ejemplos, que lo mas durable o lo de mejor calidad, toma tiempo.

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