Desmontando 5 hitos de la perfumería mainstream.

Tienen éxito. Venden. Marcan tendencia. Y también son sintomáticos del bajo nivel de exigencia de la perfumería actual, habituada a jugárselo todo a un concepto marketing. Las revistas lo repiten, los anuncios nos bombardean en los medios y las ventas se disparan, todo en una operación hábilmente orquestada desde las oficinas de las empresas de cosmética. En publicidad se suele decir que lo importante es dotar a las marcas y a los productos de un buen storytelling para reforzar su carácter aspiracional y emocional, pero se olvida que el fracaso está asegurado si se hace en detrimento del producto. Al fin y al cabo, como decía uno de los gurús de las agencias españolas, la mejor manera de vender un producto, es que el producto sea bueno. 

En este artículo nos proponemos desmontar algunos de los hitos más recientes de la perfumería mainstream, movidos por distintos motivos. Por un lado, ejercer una crítica activa, independiente y responsable, no basada únicamente en colaboraciones pagadas con las marcas, y  por otro, movidos por la convicción de que éstas sirvan para que en un futuro no lejano, se contribuya a subir el listón. Al fin y al cabo, los amantes de los perfumes somos eso, gente que ama los perfumes pero que siente, que cada vez con mayor frecuencia, se nos da gato por liebre.

Los perfumes que van a encontrar a continuación han salido en todas las listas posibles de mejores perfumes, pero, ¿Son tan buenos como nos dicen? ¿Los hitos de hoy pueden compararse a los de ayer? ¿Cuánto tiempo hace que no existen perfumes realmente memorables en la perfumería mainstream? Uno de los problemas comunes de casi todas estas fragancias, como se explicará más adelante, es su pobre/nula perdurabilidad. 

Sauvage, edt, Dior. 

Me encantan las notas cítricas con las que abre este perfume y como vienen envueltas y salpicadas de partículas especiadas. Sauvage es fresco, original, con personalidad medio oriental. Tiene estilo, y con Bleu de Chanel, han abierto todo un imaginario azul que las demás marcas han seguido rápidamente. Es suficientemente arriesgado y original como para no ser conservador y seguir teniendo estilo. Packaging y campaña publicitaria sobresalientes. El gran problema: permanencia en piel nula, lo que a mi entender hace que no pueda ser considerado como la obra maestra que debería ser.  

Bleu, Chanel.

A diferencia de Sauvage, Bleu mantiene un perfil mucho más bajo y discreto. Es menos fresca y menos original. Participa de un universo similar y su lanzamiento ha sido un gran acierto, así como la égérie elegida para su imagen: el actor francés Gaspard Ulliel (curiosamente, quien encarnó a YSL en la fantástica adaptación cinematográfica de Bertrand Bonello). Permanencia: poco tiempo después de haber aplicado un poco sobre la piel, su aroma se vuelve ininteligible, confuso y sin las notas de frescura de Sauvage. Hagan la prueba y comparen. Verán de qué hablo.

Eau d’Issey pour Homme, Issey Myake. 

Un clásico sin duda. Mandarina, notas frescas y vagamente aquáticas de perfil mediterráneo. Como One de CK, es una agua higiénica, limpia y con poquísima personalidad. El paso del tiempo es lo que peor le ha sentado: Eau d’Issey es como un hit de 1990 sonando en el hilo musical de un supermercado en 2018, al que nadie presta atención. Todo lo que podía ser más o menos interesante suena a falso ahora. Eau d’Issey es un ambientador genérico que huele a Zara. 

La nuit de l’homme, edt, Ysl.

Como gran parte de lo que hace YSL/L’Oréal, el marketing de La Nuit de l’homme es fantástico. Un frasco que sigue la línea de L’homme pero evocando el lado más oscuro, hipnótico, de la marca que diera luz a perfumes como Opium o M7. Esta vez adaptado al gusto hegemónico, a saber, permanencia en piel muy baja y un ligero descontrol en las notas especiadas. Después de su apertura interesante, La nuit de l’homme se convierte paulatinamente en un agua de colonia de lo más inofensiva, perdiendo todo su carácter y retomando la identidad clean y healthy de L’homme. Lo que, a mi juicio, es un problema. 

L’homme, Ysl.

Una de las fragancias más conservadoras que hay en el mercado. Discreta, poco arriesgada; gallina de oro que dio lugar a numerosos flankers, este perfume de YSL no tiene nada memorable. Una bella apertura, nítida, limpia y precisa con notas de cardamomo y lima que se va diluyendo en agüita inofensiva para chicos buenos. Nada del gen YSL.

La estela es alma y razón de ser del perfume 

Tengo una sensación recurrente: pocos perfumes dejan estela pasadas a lo sumo unas tres horas. ¿Exagero? No lo creo. ¿Y qué es un perfume sin estela? Nada. Adiós a esa sensación tan maravillosa de oler la ropa de alguien y sentir que huele a él/ella. ¿Has dudado alguna vez sobre si llevabas perfume porque incluso con el brazo o la camisa bajo la nariz no eras capaz de oler nada? Es el error más grave de la perfumería, superada en ese aspecto incluso por las marcas de mass market, cuya longevidad en piel suele ser superior. Eso se debe a la superación, por parte de la industria, de las llamadas fragancias macho, a saber, esos perfumes de antaño excesivamente invasivos que echaban atrás (con frecuencia debido al mal uso de su portador, que se rociaba con él de pies a cabeza). Cuando ese tipo de fragancia empezó a asimilarse a algo rancio, los gustos cambiaron, y las fragancias comenzaron a hacer gala de una sutil delicadeza. Pues claramente, intuir un perfume es mejor que tragárselo. Aunque de allí a la tónica general que preside la producción de perfumes hay un buen trecho. Los perfumes ya no rinden. Nos estamos acostumbrando a ello, incluso cuando pagamos una fortuna por ellos. No solamente la mayor parte de los perfumes nuevos no huelen, sino que además, la industria también se encarga de ir matando sistemáticamente las viejas glorias a base de reformulaciones en tono menor.

¡Larga vida a la estela!

Por cierto, mi nombre es Alex Reig y seré la persona encargada, a partir de ahora, de compartir con vosotros mis inquietudes sobre el mundo de la perfumería.