Descubriendo a Víctor Bautista.

Reconozco que desde hace algún tiempo sentía una profunda curiosidad por conocer la sastrería y trabajo de Víctor Bautista. El absurdo misterio y ocultismo que muchos sastres abanderan impide que conozcamos nuevos profesionales y establecimientos. Y es una pena, porque creo yo que pocos son los medios que tratan con verdadero respeto y admiración a esta profesión como lo hacemos desde SinAbrochar. Por ello, el hecho de que un sastre artesanal como Víctor Bautista decida abrirnos las puertas de su taller me alaga y alegra enormemente.

¿Quién hay detrás de esta sastrería?

En la primera planta del número cinco de la céntrica y conocida calle albaceteña Tesifonte Gallego nos encontramos con un espacio acogedor y señorial donde Víctor García atiende a sus clientes. Y es que esta sastrería bien podría estar en cualquier calle del barrio de Salamanca. Pero no, se encuentra en Albacete, una pequeña ciudad de Castilla-La Mancha que tiene la suerte de tener entre sus habitantes a este profesional y artesano.

Víctor destaca por su carácter afable y tranquilo, de fácil contagio, que le hace a uno sentirse a gusto y muy cómodo a la hora de encargar y configurar nuevas prendas.

Rozando la cinquentena, lleva desde los 18 años en este complicado oficio, edad en la que empezó a aprender con su padre. Por lo tanto forma parte de esa generación de sastres relativamente jóvenes y con abultada experiencia en la que por desgracia no hay muchos.

Víctor, adaptado a los tiempos, es capaz de realizarnos un traje totalmente artesanal hasta el último botón o bien ofrecernos su servicio de sastrería industrial. Sin embargo, es curioso comprobar como en la vertiente artesanal él es el que hace todo el trabajo de principio a fin, únicamente dejando labores muy concretas como el cosido de ojales a otras oficiales. Y esto me llama la atención porque hoy día no es algo muy común. La mayoría de sastres, quizás por los volúmenes que manejan, cuentan con un equipo de oficiales a su cargo para ayudarles en su trabajo.

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Y no hay mejor forma de conocer su trabajo que realizando un encargo. Por ello la semana pasada os pedí ayuda en el Foro para elegir un paño adecuado para esta ocasión. Finalmente, estuvimos prácticamente todos de acuerdo en elegir una bonita referencia del catálogo Cortina de la firma italiana Carnet, compuesta por un 93% de Lana Virgen y un 7% de Cashmere, con un precioso color azul ligeramente jaspeado y afranelado, con un peso de 290 gr, ideal para el Invierno.

En la imagen bajo estas líneas podremos apreciar, en la cara interior del marcado del corte, el tono y textura de este paño.

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Tras conocernos por fin y ponernos cara, Víctor y yo charlamos un poco de todo y en cuanto tenemos oportunidad decidimos adentrarnos en los detalles de mi encargo. Se tratará de un traje de dos piezas (puede que si el tejido lo permite hagamos también un chaleco), con una chaqueta de hilera sencilla con solapa en punta de lanza y bolsillos de parches con fuelles internos. Un pantalón con cintura alta y limpia, con cinto doble y ceñidores laterales un poco especiales.

La idea gira entorno a un traje de sport que permita el uso cómodo y correcto de las prendas por separado. Y si en otras ocasiones los protagonistas han sido los hombros, los bolsillos o cualquier otro elemento, en esta ocasión insití a Víctor a que el protagonista de este traje debía ser “el picado”. Y es que la idea es, como he hecho otras veces de manera aislada, en esta ocasión dar ese toque informal a través de un picado sobretensado y espaciado que deje claro el nivel artesanal de la prenda a simple vista y que mediante la leve arruga manifieste unas claras intenciones desenfadadas. Creo que Víctor captó la idea a la perfección, y sin mayor problema.

Este último aspecto puede parecer banal o demasiado obvio pero no tan común como creemos. Una de las labores más importantes -y complicadas- de un sastre, al menos desde mi punto de vista, es saber captar lo que quiere el cliente. Porque de nada servirá realizar una prenda perfectamente ejecutada y aplomada que nada tiene que ver con su estilo.

En mi caso, por suerte, suelo tener las cosas bastante claras y anoto en la libreta que siempre me acompaña los detalles y elementos que quiero incluir en mis encargos. No obstante, me gusta también improvisar sobre la marcha en función de las sugerencias y especialidades de cada sastre.

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Sobre estas líneas vemos a Víctor apuntando sobre mi ficha aquellos aspectos que considera importantes, justo antes de pasar a la toma de medidas, necesaria, como es lógico, en cualquier encargo sastrero.

Elegímos tambien el forro que irá tan sólo a media espalda y cubriendo los vivos de la chaqueta. Y el color escogido es ese verde khaki que podéis ver en la imagen de arriba marcado con un alfiler.

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Mientras me toma medidas y comentamos detalles, no pierdo ojo de cada rincón de esta sastrerías. Y es que son muchos los indicios que demuestran que allí reside un verdadero artesano. Tan sólo hay que ver ese pequeño costurero de madera repleto de bobinas de hilo, alfileres y agujas rodeado de vivos a medio hacer, o esa chaqueta praparada para prueba colgada en el maniquí, o ese chaleco hilvanado y casi sin empezar…

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Con ganas ya de ver avanzar mi traje, le pido a Víctor que ya que tenemos allí el tejido si podemos comenzar con el corte. Y sin menor problema, comienza a marcar y cortar mi patrón para la espalda. Comentándome cada detalle. Y por suerte la verdad es que ya voy sabiendo leer mejor toda esa geometría que hace un tiempo no era más que un jeroglífico para mí.

Durante el proceso nos surge una duda sobre la curvatura y disposición de la solapa y el punto de cruce. Víctor no escatima en explicaciones y razonamientos para llegar a entender lo que quiero expresarle y que ambos entendamos a lo que nos referimos y conseguir así un efecto del que ya os hablaré más adelante. Una vez más demuestra su calidad profesional en este aspecto.

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Termina de marcar y comienza el corte…

Un proceso que siempre me sorprende por la facilidad con la que el sastre parece realizarlo todo. No podemos olvidar que en muchos casos estamos hablando de tejidos realmente caros y valorados. Un mal corte o fallao en los cálculos puede dar al traste con la prenda, y son demasiados aspectos a tener en cuenta.

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Sigo admirando cada detalle y rincón…

Un curioso pantalonero sostiene los pantalones a medio hacer en un rincón, mientras que una ristra de patrones de cartón cuelgan de una pared tras la mesa de corte. Un desorden ordenado que caracteriza a la mayor parte de los sastres que conozco, por no decir a todos.

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Tengo que irme, mi tren sale en poco tiempo y nos han dado las tantas del mediodía. Me quedaría encantado allí como testigo disfrutando de la soltura con la que se mueve Víctor en su taller, comprobando como aquellos tejidos cobran vida y volumen para pasar a la historia y el armario de cualquier caballero que se preste.

Pronto volveremos a ver cómo continúa el trabajo de esta, para mí, nueva sastrería pero las sensaciones fueron ya muy buenas desde el inicio.

¡Nos vemos pronto!

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