Las 5 claves para vestir mejor.

La experiencia me demuestra cada día que vestir mejor es un proceso que probablemente se prolongue durante toda nuestra vida. Por ello no es de extrañar que un hombre vista mejor a los 40 que a los 20 años de edad, en general. Y esto tiene una explicación que se resume con una única frase: La experiencia es un grado.

Lógicamente, como en cualquier otra temática, sólo nos será realmente útil aquella experiencia de la que seamos conscientes que hemos adquirido y sobre la que en algún momento hayamos reflexionado. Por eso, con estas cinco claves lo único que pretendemos es que reflexionemos en cada punto y saquemos nuestras propias conclusiones, que probablemente sean diferentes dependiendo de la fase de madurez -en el vestir- en la que nos encontremos.

1ª Clave: Menos es más, con organización.

Soy consciente de que suena a tópico, pero lo cierto es que la experiencia tarde o temprano te enseñará que no hay mayor verdad en todo esto.

Cuando empezamos a notar que nos gusta cuidar nuestro estilo, la reacción más inmediata es comprar toda la ropa que podemos  y que vemos que sienta bien a los demás. En parte es algo normal. En estas fases iniciales es muy probable que todavía no tengamos definido cuál es nuestro estilo. El hombre en busca de ello, como animal primitivo que parece ser a veces, trata de aprender casi todo por imitación. Así que tratamos de copiar aquellos modelos que van surgiendo en nuestro camino.

En este momento simplemente queremos ser como otros, no ser nosotros mismos. Pretendemos adaptar el estilo de Cary Grant a nuestro día a día, o contar con  la variedad de David Gandy. Pero no nos engañemos, lo que termina de fijar los conocimientos es la reflexión, y en este punto ella nos debe llevar a la conclusión de que estos personajes tienen una vida y entorno muy diferente al nuestro, igual que nuestro jefe tendrá otro, y nuestro vecino probablemente otro muy distinto.

En efecto, queramos o no, el camino al buen vestir exigirá que definamos nuestro propio estilo.

Una vez que comenzamos a ser consciente de ello, notaremos como comienza a sobrarnos toda esa ropa que adquirimos para probar a ser otros, y que ya no nos define. Así es, si antes parecía faltarnos toda la ropa del mundo, ahora nos sobra.

Nuestro estilo se va definiendo. Unos sentarán las bases principales en pocos meses, mientras otros tardarán años, algunos ni siquiera conseguirán hacerlo -probablemente porque no habrán reflexionado sobre ello-. Pero esta fase durará probablemente toda la vida ya que lógicamente irá evolucionando y transformándose conforme cumplamos años.

Cuando tomamos conciencia de este hecho nos damos cuenta que la vida útil de nuestras prendas ya no es tan fugaz y por ello necesitamos que éstas duren más en el tiempo. Suele coincidir con la fase en la que comenzamos a fijarnos más en su confección y detalles.

2ª Clave: Prioridad a las hechuras.

Recordemos que en esa primera fase de acumulación nos fijábamos más en cómo le quedaban las prendas a nuestros modelos antes incluso que a nosotros mismos. Nuestra fijación era el conjunto y lo que hacía sentir a otro, y simplemente imitábamos.

En este momento inicial tenemos un concepto de las prendas diferente, pensamos en ellas como algo que nos disfraza y no como parte de eso que nos define. Pero cuando nos hemos dado cuenta de lo contrario, de que cada prenda forma parte de un conjunto que sumado a nuestra educación y saber estar nos define como personas o profesionales, comenzamos a entender las prendas como algo diferente, algo que nos acompañará y que formará parte de nuestra personalidad. Irremediablemente nuestra percepción cambiará y por tanto nuestras exigencias hacia ellas también. Seguimos fijándonos cada vez más en aquellos detalles que las hacen especiales, y de no ser así comenzamos a exigirlos.

Buscaremos que la prenda y nosotros seamos todo uno, que parezca que nacimos con ella. En este camino habremos debido descubrir cual es el largo que más nos favorece, el hombro con el que nos sentimos más comodos, el ancho de solapa que mejor nos queda, la altura del punto de cruce de nuestra chaqueta o el ancho de boca de pantalón que preferimos, por citar algunos ejemplos. En este punto deberemos conocer donde están nuestros kilos de más, cuál es nuestro hombro más bajo o adelantado, si nuestras caderas son prominentes, o si trabajamos mucho tiempo sentado.

Sólo así estaremos en condiciones de exigir a nuestras prendas que sus hechuras sean las adecuadas. No es cuestión de obsesionarse, pero si de preocuparse no sólo de los detalles de la prenda en sí, sino de la prenda puesta sobre nosotros.

Habrá quien tenga la suerte de acertar con patrones estándar y encontrar un nivel de satisfacción, otros deberán tirar de composturas y encargos.

3ª Clave: Jugar con texturas antes que tonalidades.

En este punto reconozco que me dejo llevar más por mi propio consejo que por otra cosa. Pero tras varios años reflexionando y configurando mi estilo, he ido descubriendo que resulta mucho más interesante, y útil, jugar con una paleta básica de colores, sobre todo en las prendas principales como chaqueta, pantalón y camisa, y aportar diferenciación en cuanto a colorido con las prendas secundarias, como son corbata, pañuelo, chaleco, y demás accesorios.

Depende ya mucho del gusto y estilo de cada uno, pero como ya he dicho en alguna ocasión, personalmente me parece más elegante generar contraste a través de texturas que de tonalidades. Es decir, observemos la combinación que tenemos bajo estas líneas. Se trata de un look sobrio en colorido pero lleno de texturas y matices.

A pesar de su discrección en cuanto a color encontramos como detalles diferenciadores el acabado del denim de la camisa, ese ligero pelo levantado de la lana/cashmere de la corbata, y el tacto afranelado de la chaqueta. Un contraste mucho más elegante y variado que si la chaqueta fuera una sencilla sarga, la camisa de twill y la corbata de seda tradicional, ya que probablemente en este caso incluso parecería mucho más forzada su combinación.

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Reconozco que inicialmente no es fácil, ya que parece que resulta más sencillo basarnos en combinaciones de colore ya estudiadas y asimiladas. Y lo cierto es que combinar en base al color, y hacerlo bien, tampoco es fácil. De ahí que veamos a muchos caballeros meter la pata en la elección de su corbata o pañuelo, o en cualquier otro detalle, porque tratamos de contrastar colores en lugar de armonizarlos en el conjunto.

 Esto es algo que he aprendido en el último año, cada prenda que añadimos a un look debe, en principio, armonizar no aportar un toque estridente. Y en el caso de hacerlo, como he comentado en otras ocasiones, deberá ser con mesura y a poder ser sin competir con cualquier otra prenda o complemento.

4ª Clave: Caprichos sí, pero con cabeza.

Hasta este punto hemos defendido una elegancia sobria, basada en colores, prendas básicas y en la mezcla de texturas. Pero quitémonos de la cabeza que esto puede ser aburrido o que dará la sensación de que siempre vayamos igual vestidos.

En mis sesiones de asesoría de imagen siempre pongo el mismo ejemplo para que se entienda:

Recordemos que hasta ahora el hombre, en las primeras fases de su afición por el vestir, adquiría sus nuevas prendas por imitacion. Es decir, veía en un blog, revista o red social, por ejemplo, una preciosa chaqueta verde de cuadros en un conjunto fascinante y si podía la compraba. Si tenía posibilidad probablemente compraba el look completo, que era realmente lo que le había gustado.

Pues bien, esta chaqueta o conjunto pasa a formar parte del armario del caballero. Y termina por descubrir al poco tiempo que esa chaqueta sólo puede combinarla justo con ese look que tanto le gustó. Por tanto a día de hoy esas prendas sólo tendrán una posible combinación dentro del armario de este hombre, reduciendo así su uso de manera drástica. Y obligándole a comprar más para tratar de sacar partido.

¿Porqué ocurre esto?

Esta es una de las consecuencias de combrar en base a looks y por imitacion. Es lo que la industria realmente quiere, porque nos obliga a comprar más. Por mucho que tengamos siempre nos da la sensación de ser insuficiente. Y en cierto modo es verdad, porque estamos limitando las posibilidades de cada prenda al comprar de esta forma.

Entonces, ¿Cómo debemos comprar?

Debemos entender nuestro armario como un conjunto interrelacionado entre sí todo lo posible. Cuanto más consciente seamos de esto menos prendas limitadas incorporaremos en nuestro armario.

Váemoslo con un ejemplo:

Si tenemos 8 look completos -comprados por imitación- formados por chaqueta, pantalón, camisa, corbata y zapatos. Dispondremos de un total de 40 prendas para formar 8 looks limitados.

Sin embargo, si tenemos 8 chaquetas, 8 pantalones, 8 camisas, 8 corbatas y 8 zapatos que combinen todos entre sí o en su mayoría, las opciones de combinación y looks posibles se multiplican. Descartando los zapatos que son quizás menos condicionantes, y reducimos a la mitad las prendas que permitan combinación entre sí, tendríamos que:

+ 4 chaquetas con 4 pantalones pueden formar: 4×4= 16 combinaciones posibles.

+ Si le sumamos sólo 4 camisas serán capaces de configurar: 16 x 4= 64 combinaciones posibles.

+ Si a esto le sumamos tan sólo 4 corbatas combinables más:  64×4= 256 look posibles.

En efecto, muchas de esas combinaciones se parecerán mucho entre sí. No importa. Recordemos que sólo hemos tenido en cuenta la mitad de las posibilidades de esas 40 prendas.

Reflexión:

Habiendo comprado exactamente el mismo número de prendas, es decir 40, como hemos podido ver las posibilidades pasan de 8 posibles looks a más de 400, si tenemos en cuenta el total y tiramos por lo bajo.

El gasto es el mismo, los resultados totalmente distintos. Está claro que no es fácil que todas nuestras prendas conjunten con el resto siempre. Pero queda demostrado que cuanto más combinen entre sí más se multiplicarán las opciones. Por ello si tratamos de que un gran número de ellas estén basadas en básicos en cuanto a colorido estaremos multiplicando nuestro armario.

¿Cómo se consigue esto? Siendo conscientes de que lo que vamos a incorporar no es una compra impulsiva por imitacion y que tiene posibilidades con el resta de nuestro armario.

Pero, volviendo al título de este punto: Caprichos si, pero con cabeza. Asi que si, claro, si tenemos un antojo de una prenda en concreto adquirémosla, pero seamos consciente de lo que hacemos. No llenemos nuestro armario de caprichos.

5ª Clave: El espejo debe ser tu mejor amigo.

No hay nada más elegante que ver a una persona segura de si misma. Y esto, en cuanto al vestir, lo conseguiremos en el momento en el que no nos sintamos disfrazados o incómodos con nuestro atuendo.

Un gran paso es definir nuestro propio estilo, como comentábamos antes. Pero ello no se logra de la noche a la mañana, necesitamos ir asimilándolo e incorporándolo poco a poco, de forma natural. Para ello deberán ser imprescindibles las pruebas de armario delante del espejo.

Vistámonos por complejo, paseémos por casa y plantémonos delante del espejo con lo que creemos que puede ser un look que nos identifique o queramos que así sea. Observémonos. Reflexionemos delante del espejo cuáles son los detalles que nos gustan y cuáles creemos que hay que corregir. Probemos combinaciones atrevidas, es delante del espejo donde hay que hacerlas.

Estas pruebas nos ayudarán a conocer mejor nuestro cuerpo, cómo caen las prendas sobre él. Nos enseñará a cómo llevar los accesorios, empezar a sentir seguridad, aprender a movernos con soltura, saber lo que nos incomoda. Nos hará más exigentes, con nosotros mismos y con nuestras prendas.

Recordemos, el aprendizaje viene de la observación y reflexión, y no hay nada que nos haga reflexionar más que mirar, siendo conscientes, a un espejo.

Con esto concluimos las que considero las 5 claves esenciales para vestir mejor. De todas formas, si quieres profundizar más o no te ves preparado para llevarlo a cabo solo, descubre cómo puedo ayudarte a conseguir tu propio estilo.

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