Reflexiones sobre el Marquismo.

Probablemente se haya hablado ya mucho sobre este tema, pero me gustaría compartir hoy con vosotros ciertas teorías y reflexiones sobre ello.

 

El concepto de marca como tal es un arma de doble filo con la que debemos ser precavidos. Cualquiera dispuesto a crear un nuevo producto desea -o debería desear- que algún día aquello que creó se convierta en referencia y todo el mundo lo asocie a su marca, su imagen o su filosofía. Por tanto parece positivo -e imprescindible- que un establecimiento dedique parte de su labor como marca a crear una imagen corporativa, a cultivar y reconocer su filosofía y en definitiva a crear algo único que le diferencie de los demás. Este es posiblemente, junto con el buen hacer y la calidad de producto, el mejor camino hacia el éxito.

 

Sin embargo, la idea de marquismo está asociada a una interpretación negativa del concepto de marca. ¿Por qué?

 

Precisamente por ese doble filo del que hablábamos antes. Es importante, como decíamos, crear entorno al producto un halo diferenciador, algo identificativo en coherencia con nuestro público objetivo y lo que pretendemos ofrecer. Pero el poder del marketing hoy día han hecho posible el caso de creadores que invierten más tiempo y dinero en esa imagen que en el propio producto. Es entonces cuando el resultado obtenido es una marca, única y exclusivamente una marca.

 

Por desgracia son ya habituales los casos en los que el producto no acompaña a la marca -o viceveresa-. Tenemos que tener en cuenta lo obvio que parece que ante dos productos competentes de similar calidad aquel que invierta más en imagen será quien cope el mercado en detrimento del otro.
Es más, el rizo ha llegado a rizarse hasta tal punto que los creadores de moda ya son conscientes de la terrible importancia de la descompensada relación imagen/producto, y de forma deliberada dedican más esfuerzo a lo primero que a lo segundo. Y lo peor es que el mercado responde dándoles la razón.

 

¿Por qué ocurre esto a pesar de ser conscientes de ello?

 

Son varias las razones por las que podríamos explicar este fenómeno. La principal diría que radica en la falta total de cultura en el vestir por parte de la sociedad. Ya no se trata de vestir de una forma u otra. Se trata de conocer qué vestimos y porqué. Saber la naturaleza de sus materiales, la forma de confección, el servicio asociado al mismo, etc.

 

La segunda razón, en parte consecuencia de la primera, creo que está relacionada con la pasividad latente entre todos nosotros. Estamos tan acostumbrados ya a las mentiras de cualquier gran sector que directamente nos importa bastante poco realmente el producto, lo único que nos preocupa es si el resultado obtenido con su adquisición es el que buscamos: Que nos siente bien, que se adecue al estatus que queremos, que los demás lo deseen igual o más que nosotros, etc.

 

Vivimos en un mundo de apariencias al que nos hemos acostumbrado de tal forma que nosotros mismos ya formamos parte de ellas.

 

Podría entender que esas razones fuesen una realidad hace una década, pero no entiendo cómo a día de hoy, con tantísima información al alcance de nuestra mano, aún sigamos formando parte de este triste fenómeno.

 

Desde plataformas como SinAbrochar tratamos de dar la oportunidad de conocer qué hay detrás de un producto, cuáles son los materiales que lo componen o la historia de su creación. Para que luego cada usuario pueda generar su propio criterio. Porque lo he dicho en varias ocasiones, pero me gustaría repetirlo: Un buen consumidor no es aquel que busca, compara y compra. Es aquel que aprende a tener un criterio propio para buscar lo que quiere y si lo encuentra lo compra, y sino continúa buscando.

 

¡Seguimos con el Viernes!

 



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