¿Qué época del año disfrutamos más?

Creo que son pocas las personas a las que la época estival les desagrada. Bien sea por el clima del que gozamos o por lo relativo a las vacaciones y el descanso.
El sábado pasado, estando tumbado en la piscina escuchando los chapoteos de los niños en el agua, me vino a la mente la reflexión que hoy quiero compartir con vosotros…
Lo reconozco, disfruto con el contraste de mi piel tostada por el sol ataviada con una camisa de lino azul claro. Estéticamente me parece un conjunto de colores, texturas y sensualidad difícil de conseguir de una forma tan sencilla y natural. Sin embargo, detesto ser totalmente incapaz de usar una americana sobre una camisa en estos días de verano, por muy liviana y desectructurada que sea ésta. Ya no hablamos del reconocido agobio que supone usar una corbata anudada al cuello y constriñendo una de las pocas vías de ventilación que nos ayuda a apaciguar el calor sufrido con estas temperaturas.
Sí, señores, para presumir no es necesario sufrir.
Soy el primero que en invierno, y sin obligación alguna, uso corbata entre otras razones porque me abriga el cuello -además de adornarlo-. Pero de igual manera hago jugar a mi favor esa ausencia de obligación en mi caso para no hacer uso de ello cuando así me parece.
Una vez adelantados parte de mis razonamientos ante la reflexión central de hoy… 
¿Qué época del año disfrutamos más?
Para mí, que gusto de jugar con contrastes, capas y accesorios, sin lugar a dudas mi época del año preferida es el Otoño/Invierno. El Verano me parece tan sofocante y sufrido -En el sur de andalucía-. y la Primavera tan incierta y cambiante, que prefiero la constancia fría y regular de un invierno soportable como el que tenemos en España.

Por ello, como fiel defensor de un estilo cuidado, estudiado y ligeramente formal, creo que la mejor época para disfrutarlo es aquella en la que las temperaturas son de medias a bajas. Ya que de esta forma podemos hacer uso, sin perjucio alguno, de chalecos, cárdigans, americanas, calcetines, fulares, corbatas, guantes, y un largo etcétera de prendas y accesorios que para mi gusto son imprescindibles si queremos dar un toque diferente a nuestro estilo.
Bien es cierto que muchos defenderán la idea de Quién tiene estilo con cualquier cosa está genial. Y sí, es verdad. Tanto como que realmente no hace falta adornar y complementar en exceso un look para que este sea más que correcto fabuloso. Pero, al menos en mi caso, en Verano prácticamente cualquier prenda que no sea un polo o camisa de lino y un bañador o bermudas me sobra. Y sí, sigo siendo el mismo que defiende a ultranza el uso de americana, traje, y corbata, sin importar -casi- nuestro entorno socio-laboral. Pero de ahí a tratar de promulgar una filosofía que no se corresponde con la realidad que rodea el día a día de la mayoría de personas hay un gran paso.
No todo gozamos de fiestas con la alta sociedad en Saint-Tropez en las que desempolvamos nuestro esmoquin, ni tenemos veleros de 30 metros de eslora en el que celebramos comidas familiares ataviados con nuestros pantalones blancos, nuestra camisa de lino azul y nuestro sombrero Panamá.
Por ello abogo por dar rienda suelta en nuestros días de descanso, haciendo uso de esas prendas y accesorios ligeros, frescos y cómodos -pero con estilo-, para coger fuerzas y en cuanto el primer atisbo del Otoño haga presencia comenzar a disfrutar -plenamente- de nuestra afición por el vestir.
Nota: Soy consciente de que esta reflexión y conclusión que planteo será compartida o no en función de la situación geográfica de cada lector. Quien viva o pase por el sur de España sabrá de lo que le hablo.

Quiero dejar claro que con esto no estoy diciendo que debamos/podamos descuidar nuestro vestuario con la simple excusa del acalorado tiempo. Sino que tratemos de adaptar nuestro estilo al confort y comodidad que nos ofrecen ciertas prendas -sin perder elegancia y estilo- mientras nuestro ocio y sosiego nos lo permitan durante el Verano.
 ¡Seguimos con el Lunes!



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