Los jardines de Hermès.

En la industria del perfume aún queda algún reducto de artistas y creadores genuinos. Los llamados “nez” (narices) son quienes se encargan de realizar y estructurar la formulación de los perfumes que las casas de moda demandan, desde la idea inicial hasta la formulación definitiva. Algunos son mitos de la industria, cuentan con una larga trayectoria y son responsables de algunas de las creaciones más icónicas del sector. Es el caso de Jean Claude Ellena, nariz para Hermès y autor, entre muchos otros, del mítico Terre d’Hermès, uno de los perfumes masculinos más rutilantes e incluso excesivos de la casa francesa.

Pero en Hermès no todo es lujo desenfrenado al estilo del rey sol. Hoy queremos entrar en el universo Hermès por la puerta de atrás. Dejar de lado sus creaciones icónicas y sumergirnos en el encanto de sus colecciones más discretas. Están, por ejemplo, la colección de aguas, las llamadas Eau de (Narcisse bleu, Gentiane Blanche, Mandarine Ambrée, Pamplemousse rose, Néroli Doré), enfrascadas todas en unos packagings sobrios de colores distintos, que constituyen una gama sencilla, básica pero refinada, de olores simples y sofisticados. En ella se va el mimo con el que marca y artista entienden tanto el lujo como el perfume.

Pero una de las colecciones que siempre me ha llamado la atención por su encanto y discreción, es la de los Jardins: un jardin sur le Nil, un Jardin sur le toit (inspirado en el jardín de la última planta del edificio de Hermès en rue Saint Honoré, pero también en los jardines y terrazas de los áticos romanos o de otras ciudades mediterráneas), un jardin après la mousson, un jardin en méditerranée y le jardin de Monsieur Li. En ella, Ellena explora el jardín como imaginario poético, como universo e intenta comprender las variantes que de estos da cada paisaje del mundo.

La idea del jardín en un determinado paisaje provoca en el artista, una asociación de colores, olores y sensaciones que deberá intentar plasmar en un perfume. Para que de esa manera, cuando el cliente final se lo ponga sobre la piel, pueda acceder a ese imaginario que estaba en la cabeza del nariz. Hay olores que nos llevan al desierto, a la campiña, otros que nos hacen pensar en la lluvia o en un día soleado. Los jardines de Hermès son intimistas y sencillos como un esbozo en aquarelas. Como pequeños rincones de belleza secreta. Y es que con frecuencia, la idea del jardín se ha asociado con el de la vida interior, allí donde se fraguan los pensamientos que nos constituyen, sobre el sexo, el amor, la vida. El jardín es aquello que permanece escondido al ojo del paseante. Requiere de un acceso para llegar a su esencia. De una cierta intimidad para su goce. A espaldas de la calle, el jardín crece rodeado de plantas, agua y flores, para deleite de sus afortunados concurrentes que lo tienen por un lugar especial.

Sobre Le jardin de monsieur Li, la pieza oriental de la colección, dice Ellena: «Me acordé del olor de los estanques, del olor a jazmín, a piedra mojada, a ciruelo, a kumquat y a bambú gigante. Todo estaba ahí, tenía incluso a las carpas en su estanque, esperando tranquilamente a convertirse en centenarias». Y sobre el Jardín mediterráneo, Ellena dice que quiere reflejar : el espíritu de un jardín mediterráneo, rebosante de árboles y flores, que evoca un mosaico de fragancias robadas en un jardín secreto de Túnez.

Ellena piensa y crea como un poeta o como un pintor, porque se somete a una reflexión creativa para dar con la inspiración que le obliga a remitirse a sus propios referentes estéticos, artísticos, así como a sus recuerdos personales. El proceso perfumístico es un ejercicio evocativo, proustiano, nostálgico y terriblemente vitalista. Al final, los olores, como los colores,  crean universos, y quien los concibe no puede ser otra cosa que un artista.

Los jardines de Hermès son una colección con una altísima sensibilidad, en la que se huye de los fuegos de artificio del lujo prepotente y de la pretensión espesa del perfume. No por nada, Ellena nos propone exclusivamente aguas, eau de toilettes. Pureza liviana y cristalina. Si Saint Laurent pensaba en los personajes de la Comédie Humaine de Balzac, o de La recherche de Proust, Ellena se remite a los pintores impresionistas para intentar recrear la vida luminosa de los paisajes au-plein-air de la provenza.

Si os queréis adentrar en el mundo del perfume y del lujo, son básicos el excelente documental en tres partes de la BBC sobre el perfume (capítulos Something old, something new / bottling the memory / the smell of the future), que cuenta con Ellena, así como el precioso libro recientemente editado en Ediciones Superflua, El perfume perfecto, del polémico periodista y especialista en perfumes Chandler Burr, que también acompaña a Ellena en la creación de un perfume y que recomiendo cien por cien a todos aquellos que quieran tener una visión completa de la industria del perfume.


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