Menorca, una isla de experiencias.

Llegó el Verano y con él un merecido, y necesario respiro. Y esta vez al menos seis días bastaron para poder desconectar y recargar pilas, y qué mejor lugar que la paradisíaca isla de Menorca.

De las Islas Baleares he tenido el gusto de conocer Palma de Mallorca e Ibiza, y ambas, con sus diferencias, me encantan. Sin embargo, Menorca es, una vez más, distinta a ellas. Mucho más natural y salvaje de lo que yo esperaba, aunque por supuesto enfocada al turismo voraz.

En mi caso he ido acompañado por alguien que ya conocía todo aquello, Laura, y eso facilitó el poder recorrernos gran parte de la isla con soltura y comodidad y haber estado en los lugares más bellos de toda la isla. Eso sí, la ayuda de Menorca en Moto fue imprescindible. Un servicio de alquiler de scooters de 125cc con muchas ventajas interesantes, como la entrega gratis en el aeropuerto, Seguro a todo riesgo real y sin franquicia, sin fianzas ni cargos en tarjeta, y un servicio de recogida y entrega de equipajes del aeropuerto a nuestro alojamiento por 30 euros. Sinceramente, todo un lujo y comodidad del que quedamos plenamente contentos.

Además, puede parecer una tontería, pero una de las cosas que más me gustaron de esta empresa es que te alquila motos discretas, elegantes y bonitas. No el típico modelo lleno de vinilos de publicidad y con el que te cruzas constantemente por las calles. En este caso se trataba de una modesta Keeway Zahara 125 que cumplió a la perfección con su cometido, teniendo gran capacidad de carga y el empuje suficiente para manejarnos bien por las carreteras de la isla balear.

El disponer de un vehículo en Menorca es imprescindible para poder llegar con comodidad a todos sitios, y en este caso, como os decía, tanto por imagen como por servicio a nosotros nos vino como anillo al dedo. Daba la sensación que llevábamos con ella toda la vida y que éramos unos habitantes autóctonos más de la isla, y no turistas.

Gracias a ello pudimos llegar a muchos de los rincones de la isla, donde el haber ido con coche nos habría complicado en exceso el tema de aparcamiento, y más teniendo en cuenta que nos encontrábamos en pleno mes de Agosto.

Fue un verdadero placer poder conocer parajes y calas tan diferentes en pocos kilómetros de distancia. La arena anaranjada y las rocas rojizas de Cala Pregonda. La increíble y conocida Cala Turqueta, con ese azul turquesa de sus aguas. La playa más extensa de Cala Galdana, las míticas Cala Macarella y Macarelleta. Las calas secretas del parque natural que eran sólo para nosotros. Aunque reconozco que disfruté mucho con la abarrotada Cala en Brut. Una especie de piscina municipal pseudo-natural -ya que han construido plataformas de hormigón y escaleras- donde puedes divertirte mucho con sus saltos de diferentes alturas y dificultades.

Lo cierto es que allá donde fuéramos había algo que nos impresionaba y dejaba boquiabiertos. Y es que había oído hablar de la belleza natural de esta isla, pero el poder disfrutarla en persona no tiene precio. Si no eres tanto de playa, y reconozco que yo no lo soy pero estas invitaban a quedarse eternamente. Tienes la opción de pasear por el bonito puerto deportivo de Ciutadella o el paseo marítimo, y también club náutico de Mahón y si, como a mí, te gusta disfrutar de las genialidades y diseño de las grandes y lujosas embarcaciones, estarás como un niño en un parque de atracciones.

Pero si tengo que destacar un lugar edificado en Menorca, ese sería sin lugar a dudas el increíble pueblo de Binibeca, con sus blancas casas escalonadas y laberínticas que se convierten en un remanso de paz y tranquilidad a pesar del turismo colindante. Una población con un encanto especial y totalmente diferente.

Y fue justo muy cerca de allí donde disfrutamos de otra de las mejores experiencias que nos brindó la isla, el buceo. De la mano del fantástico equipo de Binibeca Diving como anfitriones de la jornada. En un enclave magnífico como es la Cala Torret, justo al lado de la playa de Binibeca, y frente al mar donde disponen de las embarcaciones y accesos cómodos para realizar las inmersiones. Todo un lujo del que pudimos disfrutar mucho.

Del equipo de Binibeca Diving pudimos conocer a Meri y Lucía, que fueron encantadoras y serviciales e hicieron de esta experiencia, de por sí ya fantástica y enriquecedora, al menos para mí que no había buceado más que en unas prácticas con equipo en piscina y del snorkel de aficionado. Y sin embargo, hicieron que se convirtiese en una actividad sencilla, relajante y divertida, a pesar de las complicaciones técnicas iniciales que puedes tener, pero que con su ayuda salvas perfectamente.

Sin duda, algo que hay que hacer, y más en esta isla donde el agua cristalina y un fondo marino en el que proliferan infinidad de animales marinos, invita a disfrutar todo lo posible de ello.

Han sido días muy intensos, de mucha actividad en los que no hemos parado. Sin embargo, el objetivo de relajarnos y cargar pilas lo hemos conseguido con creces y aunque regresamos a Madrid con ganas de habernos quedado por allí un poco más, lo cierto es que llegamos con energías renovadas y con ganas de afrontar todos los retos y novedades que nos esperan en Septiembre.

Espero que a través de este artículo y sus fotografías haya podido conseguir transmitiros parte de las sensaciones vividas en este enclave balear, y que si no lo conocéis lo pongáis en vuestra lista de próximos destinos, porque de verdad merece mucho la pena.

¡Nos leemos pronto!