¿Por qué los Sastres no quieren enseñar?

La vertiente más artesanal de la sastrería ha tenido que luchar durante años contra varios frentes adversos. El primer y gran enemigo es la oferta, coste e inmediatez de la Moda frente al desarrollo, tiempos y desembolso exigidos en Sastrería. Frente que algunos han sabido combatir dotando de verdadero valor a la experiencia, diseño y calidad de sus prendas y el proceso. El siguiente adversario ha sido el desconocimiento de las nuevas generaciones, descolgadas por la falta de herencia familiar de la tradición sastrera, que muchos sastres han sabido contrarrestar con la presencia activa en Redes Sociales, medios y demás canales de difusión, buscando captar a personas que comprendan, valoren y sepan disfrutar del encargo artesanal.

Sin embargo, el más duro oponente al que los sastres se han tenido que enfrentar cara a cara ha sido a ellos mismos. Todo aquel que conozca con cierta profundidad el sector habrá podido comprobar la rivalidad ya no sólo profesional, sino en algunos casos personal, existente entre muchos de los sastres actuales y pasados. Culpa de ello lo ha tenido, sin duda, el desmesurado ego profesional que algunos han desarrollado con los años. Y no es de extrañar, puesto que tengamos en cuenta que en la mayoría de los casos se trata de personas que se iniciaron en este oficio muy jóvenes, sufriendo un goteo constante de información no reglada para llegar a ser, con sacrificio y bajo la sombra del maestro, los grandes profesionales artesanales que son hoy día. Normalmente este aprendizaje era fruto de un proceso lento, experimental y casero servido bajo el temor constante por parte del maestro de que su aprendiz se marchara en cualquier momento con los conocimientos adquiridos y sin la posibilidad de dar relevo o prosperidad a su negocio.

Pero este fenómeno ha sido denominador común en todos y cada uno de los oficios que se han enseñado siempre mediante la relación “Maestro-Aprendiz”, tan habitual antaño, y que no difiere demasiado del sistema de becariados que tenemos en la actualidad casi para cualquier profesión.

Pero, ¿Qué ocurre en la Sastrería?

La realidad es que muchos de estos profesionales aún viven prácticamente para todo con un par de décadas de retraso. Y en plena era de la información y aprendizaje esto es un grave error a estudiar. Estamos viviendo años en los que la gente ávida de conocimientos, experiencia y formación, dedica gran parte de su tiempo y dinero a nutrir estos aspectos de su vida con el ánimo de configurar un perfil profesional lo más competitivo posible. Sin embargo, un sector como el de la sastrería en España aún no ha sabido poner solución al ineficaz sistema actual, basado todavía en el aprendizaje casero y sin reglamentar que se imparte, con suerte, en la mayoría de las sastrerías nacionales. Y digo con suerte porque es rara la sastrería que cuenta con reales aprendices dispuestos a conocer el oficio.

Si sumamos el temor de los sastres a formar a alguien que con alta probabilidad desaparecerá en cuanto crea haber aprendido, la ausencia de un marco legal-laboral que regule este tipo de relaciones profesionales en España y la falta de promoción laboral por parte del sector, obtenemos el caldo de cultivo perfecto para que la existencia de aprendices en los talleres sea prácticamente anecdótica.

Algunas de las trabas con las que se encuentran los sastres a la hora de querer enseñar a sus pupilos es precisamente esa inadaptación de la regulación económico-legal de la figura de aprendiz en el sector textil. A sabiendas de que es un oficio para el que se necesita no sólo dedicación exclusiva sino varios años de formación, es totalmente incomprensible no sólo que la ley no permita cobrar a los sastres por esta formación, sino que además no permita siquiera que el alumno realice su formación sin cobrar, si con su actividad realiza trabajo efectivo para la sastrería en cuestión. Lógicamente, todo esto va en contra total de la promoción del oficio y su enseñanza, ya que para el sastre supone, además de un esfuerzo económico, una inversión en tiempo necesario para brindar sus conocimientos al nuevo aspirante. Con razón en algunos casos esta enseñanza se realiza desde la desgana y desilusión de quien enseña sin ser retribuido por ello.

¿Qué sería de los profesores de Universidad si no cobraran?

En la mayoría de profesiones los mejores de cada sector suelen dedicarse a poner sus conocimiento al servicio de la profesión y el sector. Ya no sólo porque sea parte de su deber moral de devolverle a la profesión lo que ésta le ha dado, sino porque evidentemente es una actividad lucrativa, que a la vez otorga prestigio y reconocimiento a quien la ejerce. Pero en estos momentos la enseñanza dentro de la sastrería no está ni reglada ni valorada ni mucho menos pagada.

En una década en la que el mundo de la sastrería ha crecido y proliferado como la espuma, son muchos los interesados que contactan conmigo solicitando información sobre cómo y dónde poder formarse para trabajar dentro de este sector. Y he de reconocer que siento cierta pena al manifestarles que la poca formación existente es escasa, mal programada o directamente un mero reclamo publicitario sin la base técnica profesional correspondiente.

Si la formación estuviera reglada, bien organizada y contara con verdaderos profesionales del sector a su cargo, probablemente los ciclos de aprendizaje se acortarían generando con mayor agilidad la mano de obra cualificada que el sector necesita actualmente. Y con ello se lucharía de manera efectiva contra el intrusismo y falta de profesionalidad existente en estos momentos, del que nos vemos afectados directamente los consumidores de estos servicios, al recibir en ciertas ocasiones una atención y productos que no están a la altura de nuestras expectativas.

Además, por si todo lo anterior no fuera poco, esta falta de formación está mermando el crecimiento de una industria en auge, con buena valoración internacional y que actualmente es un interesante motor de desarrollo de distintas regiones dentro del continente como pueden ser el norte de Portugal, el sur de Italia, Turquía o Reino Unido, y bien podría serlo también en España.

Existen ciertas iniciativas desde asociaciones de reciente creación que están apostando por esta vía para tratar de conseguir crear un tejido profesional acorde al crecimiento del sector. No obstante, creo fielmente que podría ser una interesante y lucrativa fuente de ingresos y profesionales si inversores privados decidieran apostar por ello. Son muchas las empresas que constriñen su crecimiento porque no son capaces de encontrar mano de obra cualificada que se encargue de ello. Y que suceda esto en un país con más de 3 millones de personas paradas es francamente inexplicable. Actualmente el mercado demanda oficiales de costura, plancha, camisería, composturas, patronistas, cortadores… Pero también profesionales responsables de Sastrería Industrial, con conocimientos sobre toma de medidas, prototipos, prueba, tejidos, y estilo, para poder asesorar al detalle a los consumidores demandantes de esta vertiente. Y actualmente no existe lugar alguno donde se forme a esta figura profesional, cada vez más demandada por todas esas firmas que deciden expandirse por España tras el éxito generado por la medida industrial en los últimos tiempos, por su reducción de costes y oferta competitiva.

Los que estamos involucrados en este sector, de una forma u otra, tenemos el deber de tratar de hacer frente a estas vicisitudes, si nuestro deseo es que este tipo de servicios cuente con relevo generacional que garantice su permanencia en el tiempo.

Pero además, como he comentado en algunas de mis charlas en diferentes centros educativos, deberíamos mostrar las grandes virtudes de profesiones como ésta en donde la creatividad, el arte, el conocimiento y don de gentes se aúnan para hacer vivir una experiencia única y difícilmente repetible. El sector necesita de gente joven con pasión y ganas de aprender y descubrir una profesión no sólo con gran proyección laboral sino también bien valorada, relacionada con el mundo del lujo y en pleno auge.

El sastre de hoy día debe ser una persona culta, con facilidad para relacionarse, conocedor de idiomas, emprendedor y empresario. ¿Acaso no resulta suficientemente atractivo?

 

 

 

7 Comments

  • Trendytwo dice:

    Según lo que veo, casi todo parece ser culpa de la ley y de la regulación. Pero desde mi punto de vista, como dices al principio, creo que también ha hecho daño a la industria la inmediatez de la moda y las prendas low cost. Quizás muchos prefieran 2 trajes de 200€ a uno a medida de 600€.
    Besos desde Trendytwo ♥

    • Hola.

      Bueno, cuando hablamos de trajes de sastrería, lo hago principalmente de sastrería Artesanal, con una media de coste de entre 1.500 y 2.500 euros por traje. Ya que este necesita precisamente unas 60-70 horas de trabajo y personal cualificado. Es justo ese personal el que escasea.

      La industria de la moda también nos ha acostumbrado a la acumulación y a que creamos que no merece la pena invertir en algo tan cambiante como la moda. Pero precisamente es lo que tenemos que cambiar. Tenemos que crear nuestro propio estilo y no ser marionetas de la industria, que nos maneja a su antojo y por supuesto según sus intereses económicos.

      Saludos
      Salva

  • Juan Isla dice:

    ¿En serio?

  • Carlos dice:

    ¿Cuantos sastres artesanales más podría absorver una ciudad como Madrid?
    Me refiero a los que cobran a partir de 2000€ por traje. Provablemente muy pocos.

    • Pero es que se necesitan sastres no sólo a pie de calle sino dentro de los talleres también. Cada año se jubilan oficiales de sastrería y los talleres no son capaces de sustituirlos con facilidad. Y hay un salto generacional muy grande porque en una franja de edad a penas se crearon nuevos oficiales por lo tanto no hay ahora con experiencia.

      Saludos
      Salva

  • Carlos dice:

    Llevo 40 años escuchando a los sastres la misma cantinela; que a la profesión le quedan dos días, que no hay oficiales, que ya no queda gente que sepa hacer ojales. Y yo lo veo todo igual que hace 40 años .

    • El problema es que ahora la sastrería está viviendo un resurgir y si quiere crecer (que no es lo mismo que mantenerse) necesita de mano de obra cualificada. Por otro lado, los precios en algunos casos son cada vez más alto porque cada vez hay menos profesionales y el coste de estos es mayor para poder regular su demanda.

      Saludos
      Salva

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