Un paseo por las tiendas

El proyecto en el que estoy involucrado últimamente, y del que pronto os hablaré, está haciendo que reflexione, aún más, sobre la situación actual del sector Moda en Europa, y España concretamente. Este sábado pasado tenía un hueco libre, y aprovechando que desde hace algunos meses resido en Madrid y el tiempo, aunque algo fresco, invitaba a salir, decidí coger mi moto y dar una vuelta por algunas de las tiendas del Barrio de Salamanca. Lo cierto es que hacía mucho tiempo que no visitaba los comercios de esta manera, relajado y sin tener nada que ver con el trabajo, por puro placer.

Empecé por Claudio Coello, siguiendo por la ya emblemática Jorge Juan y continuando por Serrano. Tan sólo tres calles, pero entre las cuales podemos encontrar una gran representación de las firmas actuales de cierto nivel y reconocimiento. El paseo me ayudó a hacer una breve radiografía de la oferta actual de moda masculina en España. Y si por un lado me alegré al descubrir que, en general, notamos cierta reestructuración en el mercado actual, por otro lado descubrí con estupor ciertos fenómenos que fueron los que motivaron este artículo.

¿Reestructuración del sector?

A poco que estemos al tanto de las noticias económicas dentro de esta industria, habremos descubierto que este sector se mueve y evoluciona. O al menos eso podemos deducir entre ciertas firmas protagonistas. Tras años de constantes nuevas apariciones, una feroz competencia e inestabilidad política y económica, parece que estamos ante un momento de cierta madurez. Profesionales que van y vienen de una empresa a otra, inversores que apuestan por un sector en alza a pesar de crisis financieras, marcas que inician su expansión dentro y fuera de nuestras fronteras. La consolidación de ciertas firmas -nos guste más o menos su tendencia- es un hecho palpable y un indicativo positivo.

Hay quien pretende popularizar su concepto haciéndolo llegar al gran público, otros que poco a poco van posicionando su esencia a través de pequeños pasos estratégicos. Los demás parecen obsesionados con crecer tan rápido como sea posible, quizás sin haber asentado aún sus cimientos. Pero, si bien hace unos años todos parecían pelear por el mismo trozo de pastel, a día de hoy diría que, en general, están sabiendo reconocer su parcela y enfocar sus objetivos, repito, coincidan o no con nuestros gustos personales.

Sin embargo, todo iba bien en mi ocioso paseo hasta que terminé por toparme con esa conocida cadena comercial de logotipo verde triangulado que desde finales de 2015 decidió abrir el espacio comercial de lujo más grande de España dedicado al hombre. Con 7 plantas de prendas, calzados y accesorios exclusivos para el hombre, contando con más de 70 firmas de lujo de todo el mundo, parece convertirse así en toda una tentación para aquellos que nos gusta lo bueno. Y lo es, sobre todo porque te permite caminar a tus anchas viendo, tocando, comparando y estudiando cada producto sin preocupaciones, agobios ni prejuicios. Y fue lo que hice.

Por todos es conocida la capacidad italiana para añadir a un producto tantas cualidades superfluas como su precio necesite para, no sólo justificar, sino garantizar su venta. Y prometo que no lo digo de manera despectiva, de verdad os digo que me parece toda una cualidad digna de estudio y aprendizaje por el resto. Sin embargo, el desparpajo italiano cuando cruza el mediterráneo se convierte en la picaresca española, muy parecida pero quizás con menos gracia y elegancia. Esa que descubres cuando firmas con la única presencia e historia de un corner en una galería comercial pretenden facturar un importe de cuatro cifras -concretamente 2.880 euros- por un abrigo con tejido infumable de una confección mal ejecutada y con pocas ganas. Ni rastro de cashmere, ojales a mano, entretela picada, forro de seda, ni ninguna de esas banalidades.

Es entonces cuando te preguntas, ¿Qué es el lujo? E irremediablemente tienes que ir a buscar la definición porque a estas alturas no sabes si alguien la ha cambiado y no te han dicho nada.

 Pero respiras, tranquilo, reconfortado, cuando llegas a la quinta acepción y efectivamente es lo que siempre había sido, nada ha cambiado.

“Que presenta una cualidad superior o inigualable entre los de su especie”

Interesante… ¿Cualidad superior? ¿Inigualable? ¡Ya lo tengo! El precio. Vuelvo a respirar tranquilo por haber podido comprobar que aquel abrigo si es de lujo, claro! Su precio, superior e inigualable, es el que me lo indica. No hay duda.

Esta esperpética escena propia de una obra de Valle-Inclán, es la cruda realidad cada día para aquellos consumidores con más de cuatro cifras deseando despilfarrar en cada acto, fruto del desconocimiento total de lo que están consumiendo, con el único afán de ser lo que gastan y no lo que tienen.

¡Que tengáis buen inicio de semana!