Sobre perfumes e imitaciones. Una breve reflexión

Uno de los temas sempiternos en todo campo artístico o creativo (y a estas alturas nadie levantará una ceja si incluyo la perfumería bajo el rubro de dichas etiquetas) es el de la imitación.

No me interesa en este artículo abordar este tema desde un ángulo socioeconómico, ni tampoco plantear el tema desde un punto de vista cultural e histórico (como hace formidablemente Byung-Chul Han en su Shanzhai. El arte de la falsificación y la deconstrucción en China) sino más bien peregrinar caprichosamente por algunos de los tópicos instaurados, hablar sobre qué significa que un perfume sea una imitación, qué podemos esperar en términos de “calidad“, así como si en algún caso puede valer la pena comprar una imitación. Por otro lado, y con una panorámica mayor, examinar qué estamos pagando cuando pagamos por un perfume y demás aspectos relacionados con la experiencia olfativa.

A lo largo del artículo intercambiaré a mi antojo los términos “falsificación” y “copia“, que, aunque tengan matices legales muy diferentes, no me interesa su uso más que a efectos de evitar repetirme en exceso. Para acabar de liar las cosas, una “copia” puede provenir de una prestigiosa casa, como sería el caso, por ejemplo, de Versace con su Versace pour Homme, que se podría considerar una copia muy lograda de Chanel Allure Homme Sport a un precio muy reducido, aunque también podría decirse que simplemente se han inspirado en la casa francesa. La línea que separa una copia de una inspiración puede ser difusa y se presta a escurridizos intentos de delimitarla, pero ante la duda usaré el término “copia“.

Trataré de ser breve, aunque por el camino vaya citando a algunos autores que me ayudarán con el utillaje teórico que pide el artículo. Vamos allá (cojo aire).

Una copia no puede oler igual de bien que el original, ni durar lo mismo en la piel

Empezamos con un tópico sencillo. Es cierto que el original suele oler mejor (en cuanto a que es la composición a imitar, difícilmente va a ser superada) y es falso que tenga que durar más en piel. Si bien es un lugar común el pensar que un “buen perfume”, o un “perfume caro” (que no necesariamente son sinónimos) va a oler mejor que una réplica, hasta cierto punto está justificado. No he olido ninguna réplica de Aventus que huela igual de bien que la original (aunque sí algunas que se le acercan). Ni siquiera una popular copia de Molecule 01 que se comercializaba en eBay olía igual que la original, y eso que en teoría sólo es Iso-E Super (aunque Geza Schoen seguro que ha puesto algo más en la composición…).

La longevidad, en cambio, no siempre está del lado de la formulación original. Love & Luck, de Ed Hardy, dura considerablemente más que Millesime Imperial, de Creed, y Rochas Man no tenía nada que envidiar a New Haarlem en cuanto a rendimiento, por poner un par de ejemplos. No es cierto que un buen perfume tenga que durar mucho. Reciclando el ejemplo de Millesime Imperial, tenemos un perfume con un aroma soberbio y una longevidad paupérrima. En muchas ocasiones, cuanto más “realistas” son las notas de un perfume, sobre todo si se trata de un cítrico, menos va a durar en piel. Mayor calidad no significa mayor concentración de esencias aromáticas en alcohol, y tampoco significa necesariamente un mayor rendimiento.

Aunque huelan un 95% idénticas, no es la misma experiencia comprar un original o un sucedáneo

Cierto. Me explico.

Steven Pinker, en su Cómo funciona la mente, y analizando desde un punto de vista neurológico aspectos relacionados, entre otros procesos, con la percepción del arte, sentenciaba: “El valor del arte carece ampliamente de relación con la estética: una obra maestra de incalculable valor se convierte en un objeto sin valor si se demuestra que es una falsificación”. A su vez, Byung-Chul Han hablaba de Han Van Meegeren, el mejor falsificador de Vermeer, y de cómo sus falsificaciones eran recibidas por los expertos como “originales”. Algo parecido (salvando las distancias, ehem) me ha sucedido oliendo lo que yo creía que era un Aventus original. Y, sin embargo y hasta el momento en que descubrí que era una falsificación, me gustaba igual que el original. Una vez descubrí que no lo era (por un error en la copia del frasco) la experiencia olfativa cambió.

Desde un punto de vista práctico, a mucha gente no le importará usar un clon, una copia o una imitación de un perfume si obtiene un aroma un 95% similar a un precio muy rebajado. Pero como los seres humanos no somos criaturas prácticas (no del todo, cuanto menos), justificamos con ese 5% la diferencia de precio. ¿Por qué comprar Spirituese Double Vanille, de Guerlain, por prácticamente 200 euros los 75 ml, si puedo conseguir la muy parecida Cologne of the Missions, de Le Couvent des Minimes, por una fracción del precio?

Porque no es lo mismo.

Para no sentirme tan snob, traeré a la palestra a Nelson Goodman y su conocido Los lenguajes del arte (las negritas son mías):

En síntesis, aunque ahora sea incapaz de diferenciar los cuadros a simple vista, el hecho de que el de la izquierda sea el auténtico y el de la derecha una falsificación constituye desde mi punto de vista una diferencia estética entre ellos, porque el conocimiento de este dato, en primer lugar, evidencia que puede haber una diferencia entre ellos que puedo aprender a percibir; en segundo lugar, otorga a mi mirada presente el papel de entrenamiento hacia dicha discriminación visual; y, en tercer lugar, plantea consecuentes demandas que modifican y diferencian mi experiencia presente al mirar lo dos cuadros.”

Resumiendo y en román paladino: Una vez sabemos que no estamos oliendo ningún Creed, sino una falsificación o una imitación, no podemos engañar a nuestra nariz. Antes de saberlo, sí podíamos.

¿Vale la pena entonces pagar diez veces más por el original que por una copia/inspiración, más o menos fiel?

No. O sí. Depende.

 Al final todo se reduce a cuánto queremos el original, e incluso a veces no en términos de autoría original, sino puramente de calidad. Montblanc Individuel salió antes que Original Santal, de Creed, y se considera que ambas huelen prácticamente idénticas. Original Santal tiene más calidad, para mí, que la alternativa de Montblanc, sobre todo en las notas de salida. ¿Justifica eso pagar lo que pide Creed? Para mí, no. Por eso tengo a Individuel en mi colección (aunque no sea de mis preferidas, todo sea dicho). Sin embargo, si veo razonable pagar lo que pide Roja Dove por alguno de sus perfumes, aun habiendo alternativas razonablemente más baratas.

Cada caso es diferente. Desgranar qué parte de nuestras afinidades olfativas se debe a snobismo o a una pituitaria más desarrollada no siempre resulta sencillo.

Este es un tema que concita muchas cuestiones y se presta a aproximaciones que exceden con mucho las pretensiones que tengo yo aquí, así que cortaré aquí la disertación. Al menos por ahora. No descarto seguir sacando punta a este tema en el foro, eso sí…

¡Hasta el próximo artículo!

– Aitor
aitor@sinabrochar.com

(Foto de portada del portal Cosmetic Info Paca, extraído de Link)

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