Nuevo básico de Sastrería Serna.

Esta vez ¿Qué iba a tener? Parece que esta pregunta se había convertido en una constante a la hora de realizar mis encargos con Agustín García en Sastrería Serna, y lo cierto es que en todas las prendas anteriores siempre ha habido un reto o detalle constructivo que pretendía otorgarle a la misma de un aura especial y sofisticado. Sin embargo, en esta ocasión tenía claro que la idea era realizar un básico de armario, y de camino demostrar que sí puede conseguirse con un tejido de estas características: Verde.

¿Una chaqueta verde un básico? Pues sí, sin duda alguna puede convertirse en todo un básico también una chaqueta de este color.

Una prenda se convierte en básico de armario en el mismo momento que sientes que puedes ponértela y combinarla casi con cualquier cosa y en cualquier ocasión. No hay más.

A la hora de crear un nuevo encargo hay que tener en cuenta un equilibrio entre todos los términos de la ecuación, sino queremos acabar con una preciosa chaqueta digna de un museo pero que en la realidad usaremos en muy contadas ocasiones. Como ocurre en la configuración de un look, la armonía entre prendas es parte esencial del éxito, y ésta comienza en cada una de ellas primero. Si una prendra o accesorio no está equilibrado en sí mismo puede romper la armonía del conjunto.

Esta equidad se consigue mediante la regla de protagonismo que hemos mencionado en otras ocasiones. Ésta consiste en que sólo un aspecto debe ser el protagonista, y el resto ir en decrecimiento. Es decir, que si por ejemplo nos apetece encargar una chaqueta con tejido Windowpane (cuadro ventana) en tonos azul claro, irremediablemente tendremos que decantarnos por detalles y elementos en su diseño de menor protagonismo. Lo mismo que si, en cambio, elegimos un tejido en un azul marino básico podremos permitirnos ciertas licencias en el resto.

Pero centrémonos en esta chaqueta que es lo que hoy nos ocupa. Como ya sabréis, al estar realizada siguiendo un proceso artesana en esta sastrería madrileña que todos o la gran mayoría a estas alturas ya conoceréis, antes de llegar a la chaqueta que hoy véis pasamos por sendas pruebas intermedias a través de las cuales se fue configurando, adaptando y creando cada detalle, como podéis ver en estos artículos anteriores.

El flechazo hacia este tejido de Lanificio Cerruti fue directo e irremediable. Su trama desgajada, y su tono ligeramente desaturado y oscuro hacía de este tejido el perfecto aliado para una chaqueta así. Un verde ni demasiado llamativo ni tan serio y apagado para resultar aburrido. El tono justo para ser adecuado en cualquier ocasión.

La configuración la tenía clara, quería que fuese en esencia la chaqueta de Agustín, esa que hace él de serie cuando nadie le define ningún detalle concreto, la que cuenta con todos esos detalles que la hacen única y propia de su taller.

Esa chaqueta de hombro protagonista, ligeramente descolgado de nuestro cuerpo, del que nace una manga adosada, con la independencia que le da ese reborde perimetral que dibuja todo su recorrido. Una solapa clásica, de cran bajo y amplio, de cuello largo, de medidas generosas, y en mi caso algo más (10,5 cm). Estas son algunas de las señas de identidad de la chaqueta típica de Agustín. Ese sello que sin necesidad de ver la etiqueta interior ya te dice que estás ante una de sus chaquetas.

Retomando el tema del control de protagonismos, tengo que decir que esta chaqueta, además de contar con esta tonalidad tan diferente, y polivalente, tiene sin duda otros protagonistas: sus bolsillos.

Ya el primer día que configuramos la chaqueta quedó todo dicho al respecto. Buscaba unos bolsillos de parche (para variar) con algo distinto, alejados de la forma típica curvada. Así que decidimos recurrir a este diseño más informal, propio de ciertas chaquetas militares, con forma triangular en su base y con un refuerzo a modo de tapeta fija cosida en su exterior. Los tres bolsillos de la misma forma, los dos laterales y el de pecho también. Decidimos arriesgarnos con este último, y el resultado no ha podido ser más satisfactorio.

El martillo es clásico, de tres botones practicables, con ojales hechos a mano, como cabría esperar y siguiendo la tónica del resto de la chaqueta.

Ciertos contrastes interiores con el forro de tono azulón. No podéis verlo porque no he conseguido sacar una instantánea de esto, pero el forro encierra tras de si una peculiaridad, y es que se trata de un mestizaje entre forro completo y a media espalda, ya que las vistas de los delanteros no van forradss con el propio tejido, mientras que toda la espalda, de costura a costura de costado y hasta el bajo va forrada con ese forro azulón. Esto es algo que tenía ganas de probar desde hace tiempo, pese a las reservas iniciales de Agustín, lo cierto es que el resultado final nos ha encantado a ambos.

Hablemos de solapas. Muchos insistís siempre en el tamaño de las solapas de mis chaquetas, y cierto es que esto va en gustos pero hace tiempo leí, y he comentado en varias ocasiones, que la proporción perfecta para la solapa clásica ha de ser 2/3 de la distancia entre la base del cuello y el final del hombro. Esto quiere decir que si mi hombro mide 15 cm, corresponderían aproximadamente en mi caso 10 cm de solapa.

Si hacéis este rápido cálculo comprobaréis que la gran mayoría de vuestras solapas no corresponden a esta regla y se quedan cortas. Más allá de gustos, existen proporciones estéticas objetivas que hacen favorecer en mayor o menor medida algún aspecto físico.

Por otro lado, me he fijado que hay situaciones concretas en las que las solapas si es verdad que parecen, en foto, más grande de lo que realmente son en persona. Y reflexionando sobre esto he llegado a una conclusión. Resulta que muchas de mis chaquetas bien van con entretela picada en la solapa -en el caso de las artesanales- o bien van con una entretela muy liviana -en el caso de las industriales-. Para quien no lo sepa, el picado y entretela de una solapa tiene como objetivo, además de dar cuerpo al conjunto, de hacer que ésta se vuelva y pegue en el pecho sin que tienda a separarse, y sin necesidad de planchar y matar el quiebre de la solapa, algo típico en muchas chaquetas de confección de gama baja, que la verdad afea el resultado final.

Pues bien, esto sumado a que yo rara vez me abrocho las chaquetas, da como resultado unas solapas que vuelan con mayor soltura y que por lo tanto tienden a abrirse algo más de lo debido, esto hace que en ocasiones y depende de la fotografía parezcan más grandes aún.

Si vemos en conjunto la chaqueta, comprobaremos que está francamente equilibrada. Sus proporciones, medidas, ajustes y elementos casan todos entre sí. Todo suma y es parte del resto, y esto ayuda a otorgar polivalencia y convierten a esta chaqueta en el básico del que hablábamos antes. Fácil de poner desde con unos vaqueros y un polo hasta con un pantalón gris de vestir, camisa y corbata.

También ayuda su tejido, que no termina de ser una esterilla al uso pero tampoco algo liso y sobrio.

Esta chaqueta ya se ha convertido en una de esas prendas favoritas que todos tenemos, no ha hecho más que llegar y ya sé que tendrá un lugar privilegiado a la hora de crear combinaciones con ella.

¿Ahora ves el verde desde otra perspectiva?

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