Masterpiece Gravity, la gran apuesta de Maurice Lacroix.

Maurice Lacroix lleva desde 1975 tratando de dar su visión personal dentro del mundo de la relojería, desde el gusto por lo clásico y la atemporalidad, cualidades para mí imprescindibles a la hora de diseñar estas pequeñas máquinas del tiempo.

Allá por 2006 esta firma suiza entra por fin en el club de nombre femenino al que toda casa relojera quiere pertenecer tarde o temprano: La Manufactura. Y de esta forma comienza a fabricar sus primeras piezas y calibres específicos para sus propios relojes. Un mundo de posibilidades se les abre desde entonces.

La creación del calibre ML-106 que da vida al Masterpiece Cronographe, inicia este proceso con un diseño Skeleton que desde mi punto de vista buscaba quizás llamar más la atención que otra cosa. Y esta parece ser la tendencia durante unos años en lo que a manufactura se refiere dentro de la firma. Por suerte en un par de años, allá por 2008, saben reconducir la situación y con la creación de los calibres ML-150 y ML-151 presentan el Calendrier Rétrograde y Double Rétrograde, dos relojes de diseño precioso con la complicación del movimiento retrógrado tanto en fecha como en el segundo huso horario.

Tras 12 calibres manufactura y 8 años después -que se dice pronto- se presentaría en 2014 el Masterpiece Gravity y en su interior el ML-230. Por primera vez en la marca la conjugación entre calibre y diseño se hace uno y se entremezclan conceptos para ofrecer un reloj de maquinaria vista -en su frontal- de aspecto elegante y sofisticado.

Las soluciones en las que el calibre pasa a formar parte del diseño principal del reloj no siempre son acertadas, desde mi punto de vista. Por lo general se acaban perdiendo en detalles y espectacularidad yendo en contra de la funcionalidad y la elegancia. Se acaban creando relojes preciosos para admirar un rato pero prácticamente infumables en un uso real. Sin embargo, este Masterpiece Gravity tiene algo especial que lo diferente. Y cuando digo este digo ESTE en concreto. Ya que desde 2014 han surgido diferentes variaciones de este mismo diseño, que lo cierto es que ninguna a excepción de esta me ha parecido del todo acertada.

No sé si será la tridimensionalidad de la esfera de este reloj al estar dispuesto sus elementos a distintas profundidades, o la decoración Vagues du Jura del puente principal que sostiene la subesfera horaria, o el pequeño segundero en color rojo, o el protagonismo de todo el sistema de escape con el assortiment de áncora en silicio, pero hay algo en este reloj que a pesar de su aspecto sofisticado y poco habitual, lo hace llevable y especialmente bonito.

Gracias a Iguana Sell hoy tengo el placer de tener esta pieza entre mis manos para poder mostrárosla con todo detalle. Sin duda un reloj exclusivo del que sólo hacen 250 unidades en el mundo (esta es la unidad 088/250).

Sus 43 mm de diámetro se hacen cómodos incluso para una muñeca pequeña como es la mía, quizás su punto flaco esté en el grosor de su caja que con 15mm es quizás excesivo, pero supongo que es el precio a pagar para conseguir tan espectacular tridimensionalidad, aunque su cristal abombado en forma de caja suma también a este incremento.

Agradezco enormemente, y una vez más, a Iguana Sell la oportunidad de haber podido conocer con tranquilidad y detalle un reloj como este, pues es de esos que te demuestran dónde está el verdadero valor de la relojería y el diseño al servicio de la muñeca.

Este Masterpiece Gravity Blue me ha parecido toda una obra de micro-ingeniería que da gusto mirar allá por donde lo hagamos. Cada detalle está cuidado con esmero y pulcritud, lo que te hace sentir en todo momento que estás ante una gran pieza especial, un trozo de historia de la relojería moderna entre tus manos.

Para más información no dudes en visitar este enlace en la web de Iguana Sell para descubrir más detalles sobre este reloj.

“El tiempo es la cosa más valiosa que una persona puede gastar”