Los secretos de la chaqueta Norfolk.

Cada vez tengo más claro que hay que mirar al pasado para hacer un mejor futuro. Y en lo que a vestir se refiere no es precisamente una excepción.

Muchos de los detalles que forman nuestras prendas hoy día tienen una razón de ser primigenia que generalmente en su día formó parte de una utilidad o sentido. Por todos es sabido, y sino es así ya va siendo hora de que lo sepáis, que gran parte de nuestro vestuario actual tiene origen en el campo o el entorno militar. Quizás por la influencia de estos dos mundos -el campestre y militar- sobre la ciudadanía años atras, y por la propia interrelación entre ambos.

Al igual que la Teba en España, la chaqueta Norfolk que hoy nos ocupa tiene su origen ligado al mundo de la cinegética. Y es que al parecer debe su nombre al Duque de NorfolkHenry Fitzalan-Howard, que debió encargar una chaqueta a su sastre, entorno a 1860, con la premisa de que fuera cómoda y apta para cazar. Más tarde el Príncipe de Gales -posterior rey Eduardo VII de Inglaterra- popularizó su uso a finales del siglo XIX.

Descubramos su detalles…

Como es lógico desde que se creo esta chaqueta ha sufrido transformaciones y adaptaciones en su diseño según quien la confeccionase. Pero las claves de esta prenda son su cinturón con trabillas anchas continuación de las tablillas que adornan sus delanteros, fuelles tras el hombro y bolsillos de plastrón con carterilla.

Posteriormentea algunas se les incorporaban protecciones a la altura del hombro para proteger del roce e impacto de la culata de la escopeta al disparar.

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Otra variante muy común es la sustitución de la hebilla en el cinturón por un par de botones. Entendemos que esto tendría sentido si la chaqueta es confeccionada a medida, ya que el ajuste por botón es fijo y no variable como en el caso de la hebilla ajustable.

Con el tiempo el cinturón pasó a ser algo más decorativo que práctico, y empezaron a aparecer modelos con cinturones cosidos al propio delantero y no sueltos en todo su contorno como en el caso original. Y también variantes con cinturón decorativo presente sólo en el frontal y no en la espalda, que a veces era sustituido por una martingala fija.

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Otra característica común en este tipo de chaquetas es el tejido usado originalmente. Y es que parece que se confeccionaban prácticamente en exclusiva en paños tipo Tweed. Ya que era considerado perfecto para resistir el desgaste e inclemencias del campo.

Tal fue su éxito y difusión que pronto paso a formar parte también del vestuario de niños y mujeres.

En la espalda, como comentábamos antes, se incluían generalmente unos fuelles tras los hombros, paralelos a la sisa, con la idea de facilitar los movimientos que exigía las páctricas en el campo. También era común que hubiese cierto exceso de tejido en la cintura que o bien se recogía en un pliegue a la altura del cinturón o bien se dejaba suelto para adaptarlo a las necesidades de su dueño.

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Lo normal era una abertura trasera en la parte baja de la espalda, pero podríamos encontrarnos también el caso en el que no hubiese ningún tipo de abertura. Podemos suponer que dependería de si el portador montaba o no a caballo.

Los bolsillos, como vemos en las ilustraciones, eran amplios y cuadrados, con el objetivo de ser lo más prácticos posible y permitir guardar todo tipo de objetos necesarios para la actividad campestre.

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Tras ver algunos de los detalles esenciales de este tipo de chaquetas, muchos pensarán que es una bonita prenda de otro tiempo, quizás aparatosa y demasiado recargada. Sin embargo, creo que puede ser toda una fuente de inspiración para futuros encargos, con detalles muy prácticos también hoy día.

Cierto es que hoy día no acostumbramos a vestir de traje de tweed para ir al campo. Es más, muchos ni siquieran van al campo con asiduidad. Sin embargo, este tipo de prendas pueden resultar muy interesantes para usar en momentos de ocio con looks relajados.

También me parece interesante usar como base para reinterpretarla y conseguir prendas diferentes y peculiares pero mas adaptadas a nuestro tiempo.

¿Te atreverías con una Norfolk?

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