El miedo a la elegancia

No es extraño ver fotos de nuestros abuelos y comprobar cómo la mayoría vestían de forma elegante cual caballero inglés, provistos de trajes, sombreros, corbatas y todo tipo de detalles.


Este hecho siempre me ha hecho reflexionar sobre por qué hemos perdido estas buenas costumbres o por qué nuestro vestuario se ha tornado demasiado deportivo o casual en los últimos años.


Excepto raras excepciones, la mayoría de jóvenes no visten de forma elegante a menos que tengan un evento o cita de renombre y aun así, en muchas ocasiones, ni en estos casos. 


¿En qué momento ocurrió esto? 

¿Cuándo dejamos de ser elegantes a diario para sólo serlo en contadas ocasiones?

Tengo mi propia teoría para este hecho, que no deja de ser una simple opinión sin pretender sentar cátedra sobre el asunto.


Desde siempre hemos necesitado tener un modelo de referencia, ya sea un personaje literario, un escritor, actor, empresario local de éxito o incluso algún familiar cercano. El ser humano aprende por imitación de sus semejantes hasta que puede valerse por sí mismo para crear su propio criterio, y con la moda y el estilo no iba a ser de diferente forma.


Aquí es donde está la clave de mi teoría. Pienso que en otro tiempo los modelos de referencia eran literatos, nobles y banqueros mientras que en nuestro tiempo los referentes son futbolistas, cantantes, bailarines y demás personajes del gremio del espectáculo.


Creo que no hace falta ser muy inteligente para comprobar la sustancial diferencia entre  el estilo de Fred Astaire y David Beckham. Ambos casos son un fiel reflejo de la comparación entre el estilo de los años 30 y 40 y el actual.

 

Por supuesto tiene mucho que ver el rumbo que la cultura ha estado dando en los últimos años, la globalización y la pérdida de identidades a favor de un mundo universalizado y conectado por estándares, gracias, en gran parte,  a la red de redes.


Como comentaba anteriormente, quizás nuestros abuelos encontraban la inspiración en Gary Grant o Hemingway o ansiaban el fondo de armario de Fred Astaire. Pero ¿qué diferenciaba a esas celebridades de las actuales?


Pienso que la gran diferencia no sólo está en la hornada de celebrities actuales sino en los valores adoptados en aquellos tiempos en comparación con los actuales. Antiguamente el honor, el prestigio, el saber estar y la educación eran valores ineludibles en una persona y eran estricta y rigurosamente aprehendidos. Sin embargo, hoy día prima un valor por encima de todos. La libertad.


Sí, la libertad es un derecho de todo ser humano, pero en nuestro tiempo se ha llevado de bandera hasta llegar a desvirtuar su verdadero sentido y mezclarlo con el libertinaje.


Nos encontramos con unas recientes generaciones en las que el todo vale y el famoso Carpe Diem renacentista han sido explotados hasta la saciedad, en detrimento de esos valores de antaño. Y por supuesto, la moda no es más que el reflejo de esta sociedad sin pautas ni reglas de ordenación que viaja hacia un panorama cosmopolita y desordenado.


No confundamos mi abogacía a lo clásico con una posible crítica a la evolución del vestir. Nada más lejos de mi intención, pero creo que deberíamos tratar de conservar muchos de los aspectos y detalles de la moda clásica y no arriesgarnos a perderlos y os explico por qué:


Si tenemos oportunidad de comparar las prendas usadas en una y otra época, nos daremos cuenta de que, en general, la ropa de hace varias décadas supera con creces la calidad de las prendas actuales. Si nos fijamos en las corrientes de moda pasadas y en las actuales comprobaremos, en este caso, que en las pasadas había una uniformidad latente y apenas existían cambios de una temporada a otra, mientras que en las temporadas más actuales se presentan novedades casi por trimestres, dejando por momentos obsoletas las anteriores.


¿Con esto qué quiero decir? Pues creo que está bastante claro, es evidente que en el siglo pasado la ropa se hacía, en todos los sentidos, para perdurar en el tiempo. Sin embargo, de un tiempo a esta parte la ropa parece ser confeccionada para tener una vida cada vez más corta, tanto de forma estética como en durabilidad. Supongo que con motivos comerciales, pero es un hecho constatado y debemos tenerlo en cuenta a la hora de vestir.


¿Por qué elegir un estilo más clásico? Con un estilo más clásico nuestro fondo de armario será mayor en cantidad y en tiempo de uso. Teniendo un estilo no demasiado comprometido con las pautas estilísticas del momento nos  aseguramos de que nos sirvan casi en cualquier momento, con lo que ganamos en practicidad y en capacidad de uso de nuestra ropa y, por supuesto, esto se ve repercutido en su rentabilidad.


¿Se equivocaban nuestra progenie a la hora de elegir su ropa o lo hacían con más cabeza que nosotros?

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