Comenzamos a trabajar: Cómo configurar nuestro armario laboral.

Alguien dijo en alguna ocasión que la Elegancia es saber vestir en cada momento, y bajo esa premisa debería girar cualquier razonamiento en torno a la idoneidad de nuestro atuendo para cada circunstancia.
Si nos paramos un poco a pensar, en la mayoría de los casos el hombre pasa gran parte de su vida trabajando, formando el entorno laboral gran parte de nuestro día a día. Parece lógico entonces que en gran medida nuestro armario esté irremediablemente condicionado y ligado a nuestro oficio.
Tenemos la falsa creencia de que sólo empleados de banca, abogados y ejecutivos pueden asistir a sus respectivos quehaceres diarios ataviados con lo que entendemos como elegantes vestimentas. Pero tengamos clara una cosa: No por vestir un traje se es más elegante. 
Es más, me atrevería a decir que un alto porcentaje de esos señores portadores de traje cada día no resultan en absoluto elegantes.
También tenemos la costumbre de ser demasiado radicales para todo, y el vestir no iba a ser una materia que rompiese esa arraigada manía.
Debemos tener en cuenta que en la mayoría de los casos la imagen que proyectamos a los demás es parte importante en nuestro trabajo. Ya no sólo hacia nuestros clientes o consumidores, sino también hacia nuestros compañeros y superiores. Y una imagen descuidada en ningún caso será justificada ni positiva para nuestro estatus laboral.
Cuánta gente piensa -creo que erróneamente- que el vestir de una determinada forma le hará llamar la atención por encima de sus compañeros o competencia y esto le será perjudicial. Nada más lejos de la realidad.
No obstante, tampoco debemos entender el entorno laboral como una pasarela en la que lucirnos cada día, para eso ya tenemos los fines de semana y nuestro ocio, si así lo deseamos.
Pero centrémonos en casos concretos y vayamos con algunos consejos:
Si eres un abogado, ejecutivo o empleado de banca…
Tendrás que hacerte con al menos 3 trajes para empezar. Recomendable uno azul liso y sencillo. Otro gris medio -ni demasiado claro ni demasiado oscuro-. Y otro al gusto (Raya diplomática, Príncipe de Gales, Espiga…)
Es aconsejable también al menos 3 pares de zapatos, con sus respectivas hormas de cedro. Unos Oxford negros en calf. Otros Noruegos en marrón chocolate. Y por último podríamos decantarnos por unos Oxford Full Brogue o unos mocasines Tassel en ante chocolate para ocasiones más informales.
Tanto trajes como zapatos es recomendable no usarlos más de 24 horas seguidas y dejarlos reposar, cepillados en sus perchas u hormas.
Camisas se deberían tener al menos 5 distintas, para cada día laboral, pero lo ideal es que sean al menos 10. Inicialmente lo mejor es no arriesgar e ir a por distintos tejidos de azul claro liso y blanco, y en caso de querer optar por algún motivo en concreto mejor que sea lo más discreto posible. Podemos obtar por alguna rosa muy apagado.
Optando por una base sobria y elegante lo que conseguimos es que sea muy combinable entre sí. De cara a la ropa de trabajo, lo ideal -y más rentable- es que cada vez que incorporemos una nueva prenda la escojamos pensando en que sea combinable con el mayor número de prendas de nuestro armario. Esto multiplica las posibilidades
Me explico: Si compramos “por looks” dará la sensación de que tenemos 3-4 looks y que lo único que hacemos es rotar cada semana cambiando ligeros detalles. Además de dar la sensación de vestir siempre igual (realmente lo estaremos haciendo), el desgaste de las prendas será mayor y más prematuro.
Sin embargo, si contamos con 3 trajes, 3 zapatos y 5 camisas, sin contar las posibilidades de ningún otro complemento más, las opciones serán ya muchas.
Es precisamente con los complementos (corbatas, cinturón, tirantes, pañuelos o calcetines) con los que aportaremos ese punto de variedad y distinción. Además de ser productos, en general, más económicos y accesibles con los que llenar el armario.
Si eres un profesional liberal…
Eres tu propio jefe pero también tu propio negocio, y tendrás que mirar por su imagen igualmente. Tú eres la imagen de tu propio negocio por lo que es importante que cuides tu propia imagen personal. El autónomo a veces no distingue entre trabajo y vida por lo que incluso más allá de tu supuesta jornada laboral deberás estar atento de lo que vistes.
Si es cierto, que generalmente las profesiones liberales puede requerir un dress code algo más relajado, pero si que es bueno que aprendamos a diferencia en nuestra vestimenta en qué momentos estamos trabajando y cuando estamos de ocio.
El llamado Business Casual puede ser una buena opción para este gremio. Es decir, combinaciones más o menos formales o informales de chaqueta, pantalón o corbata, a medio camino entre la clara formalidad de un traje y la manifiesta informalidad de unos chinos con camisa.
Este punto intermedio a veces puede ser muy peligroso y llevarnos a cometer grandes errores, precisamente por la libertad de la que se goza frente al caso anterior. Las claves para no caer en errores típicos son similares a las que comentaba en el anterior caso, solo que en este momento podemos aprovecharnos de esa libertad a la hora de escoger tonalidades, texturas y tejidos. Pero, como indico, es más sensato hacerlo con cabeza y siempre pensando en las posibles combinaciones.
Tener una camisa que sólo combina con una chaqueta y un pantalón es claramente un capricho. Y ojo, hay que darse caprichos, pero recordemos que de cara a la vestimenta laboral estaremos sacándole menor rendimiento a dicha prenda.
En cuanto a tonalidades y tipos de tejido la cosa puede variar mucho en función del ámbito en el que nos movamos, las exigencias de nuestro día a día y demás. 
Por poner un ejemplo. Un Arquitecto Técnico freelance podría optar por una gama de tonalidades tierra, khakis en chaquetas, pantalones, y decantarse por camisas azul claro, blancas. Y complementarlo todo con alguna que otra corbata o zapato discreto y sobrio en azul marino, marrón, burdeos. De esta forma conseguiremos combinaciones discretas en colorido y claramente informales, además de acordes con el medio en el que suele moverse, como son las obras, oficinas técnicas y personal de campo.
Un Abogado freelance podría en cambio optar por combinaciones algo más sobrias y cercanas al ejecutivo. Con combinaciones en gris y azul, detalles diferenciadores en rosas, beige, verdes. Jugando con esa ambigüedad entre seriedad y cercanía que exige su profesión.
Debes estudiar en qué consiste tu profesión, qué imagen quieres proyectar y cuál es tu entorno.
Por otro lado, si quieres cambiar o dar un toque a tu imagen es bueno aprovechar ciertas fechas concretas para hacerlo, como después de navidad o tras las vacaciones. Es conveniente también que lo hagas de forma paulatina. Todo esto ayudará a que tu entorno se acostumbre poco a poco a tu nueva imagen y no llamará tanto la atención tu cambio.
Recuerda que puedes resolver cualquier duda en nuestro Foro.
¡Feliz inicio de semana!





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